AI refleja tres casos de León para criticar el trato judicial a maltratadas
El último informe de la organización denuncia obstáculos para conseguir protección.
Una víctima de violencia machista en la asociación Adavas en León.
El último informe de Amnistía Internacional se hace eco de tres casos de mujeres víctimas de violencia de género en León para criticar los obstáculos al acceso y la obtención de justicia y protección. Los tres testimonios le sirven a la organización para denunciar los déficits en la disponibilidad y calidad de la asistencia letrada, los obstáculos de las víctimas a demostrar el delito si no tienen «marcas físicas» y los prejuicios y el trato irrespetuoso en la obtención del testimonio de mujeres.
Amnistía Internacional entrevistó a Lourdes (nombre ficticio) en septiembre del 2012 en León. Esta mujer, que sufrió una grave agresión física, vio archivada su denuncia en agosto del 2012 «sin investigación de oficio y sin que su abogada propusiera la declaración de testigos, que hubieran podido acreditar los hechos según la denunciante», refleja el informe, que recoge el testimonio de la víctima: «La abogada no hizo nada, absolutamente nada. Ellos aportaron esas testigos y ella nada. Tampoco sé si se me pidió la orden de protección. E incluso me dijo: ¿sabes que mentir está penado? como reprochándome estar mintiendo en la denuncia».
Amnistía Internacional asegura en su informe que, a diferencia de lo que ocurre con otros delitos, las víctimas de violencia de género se enfrentan habitualmente a prejuicios que ponen en duda la credibilidad de su testimonio. Las mujeres se quejan de no poder expresarse con tranquilidad.
Para denunciar los prejuicios y el trato irrespetuoso en la obtención del testimonio de las victimas, la organización recurre a una mujer de León, «La jueza, mirándome con tono de reproche, me dijo: ‘O sea que te pega y le metes en casa. ¡Esto es increíble! ¿No sabes si tienes orden de protección o no y le metes en casa?...’ No se interesó por nada; siendo la jueza de las mujeres, me dejó fatal su actitud. No sé... En un momento de la declaración le respondí tuteándola y ella me regañó: ¡tráteme de usted! Me asusté. Yo pensaba, ¡tanto respeto que hay que tenerla a ella, ¿y ella a mí?. Para una vez que me doy cuenta de que casi me mata y vengo dispuesta a seguir... me quedé muy mal. Salí de allí y me dio por llorar».
La tercera entrevista que recogte el informe es la de Marta, que califica de «indefensión absoluta» su paso por el juzgado. Su experiencia sirve a Amnistía Internacional para denunciar los obstáculos que tienen las mujeres para que su denuncia prospere si no hay «marcas físicas» de maltrato.
Marcas físicas
Marta denunció dos veces. Su ex marido la humilló, la acosó y la amenazó de muerte durante seis meses. El día en que los insultos llegaron a ocupar las paredes del domicilio de sus padres se decidió a denunciar en octubre del 2011. Recuerda el buen trato recibido por la policía, que recopiló pruebas. «Una vez en los juzgados, la denuncia fue tramitada como una falta de injurias y vejaciones, obviando el impacto psicológico del acoso y la jueza absolvió a su agresor por falta de pruebas». En la segunda denuncia, Marta presentó un acta notarial con las numerosas amenazas de muerte de su ex marido registradas en una grabadora, pero la sentencia volvió a ser absolutoria. Marta cuenta así su experiencia: «Yo pedí orden de protección, pero no me la dieron, aquí no existe protección si no te clavan un cuchillo».