Testimonio
Saliendo de la puerta del inmueble en el que ocurrió el crimen, el casero del piso no salía de su asombro al ser consultado por este periódico: «Mira, son cosas de la vida», comentó con un buen español y no menos notable acento rumano.
«Esta chica se dedicaba a sus cosas y se ve que al marido (la Policía lo califica de compañero sentimental) no le gustaba en lo que andaba. Pero yo no me meto en cómo se gana la vida cada uno. Ella hacía lo que hacía y él acababa de llegar de Francia hace poco. Sí, también es rumano pero no sé dónde está».
El casero echó en falta a la joven desde el lunes: «Me dijo mi mujer que no sabía qué pasaba, porque tenía metida en la lavadora la ropa y no la habían recogido. Además empezó a oler así un poco raro y cuando vino la Policía, nos encontramos con todo este jaleo».
A la hora de abandonar el portal, el súbdito rumano insistió en el mismo argumento: «Son las cosas de la vida. Yo les tenía alquilada la habitación y ahora... mira qué susto nos hemos llevado».