El homenaje del pastor
Don Argimiro se despide de la iglesia de San Martín entre melancolía, tristeza y alegría por los 44 años en la parroquia.
Decenas de fieles acompañaron a don Argimiro en su última misa en San Martín.
Ninguno de los vecinos del barrio de San Martín quiso quedarse ayer sin dar un aplauso de despedida a don Argimiro. Tras 57 años de sacerdocio, el párroco más antiguo de la ciudad, ofreció su última Eucaristía en el lugar donde ha trabajado durante 44 años.
Una rosa fue colocada en el altar como presencia simbólica del cura y un ‘Gracias’ cubría el frontal del altar. Era un día especial para los feligreses y todos querían que la despedida fuera como habían planeado. «Alegre y gozoso he vivido entre vosotros», transmitió don Argimiro, que ha casado a hijos de matrimonios que él mismo ofició en su día. O bautizado a los nietos de las parejas que unió. Para él, ser párroco es «mi mayor orgullo». ‘El párroco’, le llaman sus compañeros de residencia. «Aquí he gastado mis mejores años. Siempre contento, feliz y optimista. Pero no sin problemas, como obras y gastos en obras muy duros para esta parroquia». Don Argimiro recordó todas las labores que ha realizado en esta larga etapa. No sólo dar misa, sino también «he cuidado flores, ropas, limpieza, orden». Además de la pluma, el maletín y el reloj que le regaló la feligresía de San Martín, don Argimiro se lleva doce carpetas con todo el conocimiento directo y personal del pastor que ha tratado «con especial atención a los enfermos y pobres», con los que don Argimiro siempre ha querido tener una cercanía excepcional. También tuvo palabras de agradecimiento a las cofradías vinculadas a la iglesia que han revitalizado y «han colaborado con la parroquia».
«Es difícil entender el camino sin conocerlo antes, cuando la parroquia era poco acogedora y sin limpieza», recordó don Argimiro, que no dudó en enfundarse el mono y subirse al andamio para él mismo acometer reformas en un edificio descuidado.
Una representación de todos los grupos que participan en la parroquia (coro, feligreses, cofradías y Cáritas) consensuaron un adiós en el que evocaron su llegada ilusionada a San Martín. Las lágrimas de algunos devotos demostraron que era un pastor de barrio. El discurso de despedida finalizó agradeciendo a don Argimiro que haya hecho de San Martín «un lugar abierto. ¿Qué más se puede pedir?».