Los Pucci aluden a un inversor para afrontar los gastos diarios de Antibióticos
Los propietarios visitaron ayer la fábrica citados por los administradores concursales.
Los Pucci, a mediodía de ayer en el interior de las instalaciones de Antibióticos. Arriba, padre e hija salen de la factoría.
La deuda que se genera contra la masa por las atenciones mínimas que precisa la instalación industrial pudo resultar asunto prioritario en el encuentro que mantuvieron ayer los administradores del concurso de acreedores con la propiedad de Antibióticos. La fábrica leonesa, donde no hay referencias de actividad desde hace un año, recibió de nuevo la visita de los dueños de la compañía, Danielle Pucci y su hija Gloria Pucci. Sobre el escenario pudieron recibir el requerimiento de los gestores del proceso concursal, que desde hace fechas reclaman a los propietarios que hagan frente al coste que genera mantener las instalaciones, las estructuras críticas y puntos de seguridad, amén de los compromisos con la Seguridad Social, que terminan por sumar a la deuda más de trescientos mil euros cada mes.
La diferencia, el desfase económico, motivó la intervención de los administradores dispuestos a avanzar un proceso de liquidación de la sociedad ante la imposibilidad de cubrir esa deuda contra la masa, que termina por conducir al emporio a un callejón de inviabilidad.
Lejos de mostrar inquietud por este extremo, durante la visita a los puntos técnicos de la fábrica en los que urge la intervención la propiedad pudo introducir ayer un nuevo condicionante a la espiral administrativa y judicial de la que pende ahora el futuro de Antibióticos: un inversor, que podría estar dispuesto a asumir la carga de esa deuda diaria que produce la compañía, y que tanto incide en el discurso del proceso concursal. Durante la visita de los Pucci al complejo químico desierto en Antibióticos hicieron acto de presencia unidades de intervención de la Policía Nacional, con el fin de garantizar la seguridad del reencuentro. De la salida de los propietarios, a primera hora de la tarde, fue testigo un vigilante de seguridad que franqueaba la puerta.