Fidel Casas González ABAD
Hacienda por obligación y La Piedad por devoción
Salieron al aire los primeros sones de la Banda de Tambores y Cornetas de la cofradía y en la garganta se le apretaron dos nudos: el de la corbata negra impoluta que portaba y el que le hizo el corazón a la altura de la nuez, fruto de la emoción...
La interpretación de dos piezas musicales propias del repertorio de la cofradía y los cohetes atronando los cielos desde la Plaza Mayor marcaron el fin del acto y el inicio de su abadía. Casi nada. Los que lo conocen saben que es un entusiasta y que su profesión de funcionario de Hacienda cuadra poco en los estereotipos.
Pero se le iban las lágrimas, mal contenidas en la escalinata de San Martín. A partir de hoy, tiene por delante el reto de retocar aquellos aspectos de la cofradía que (siempre los hay) necesitan remodelación y hacer frente a los retos de un bienio que se anuncia importante. Así sea.