León vende suelo industrial de los polígonos a precio de saldo
Los promotores ponen en marcha nuevas fórmulas que faciliten la instalación de empresas
Bonificaciones, descuentos, concesiones, alquileres con derecho a compra, carencias en la financiación,... Todas las fórmulas se valoran con tal de atraer a empresas (especialmente aquellas con un alto componente inversor, pero no se descarta ninguna iniciativa) que se instalen en el abudante suelo industrial que, repartido por toda la provincia, busca quien lo ocupe. León no es un caso único, pero con más de 40 polígonos industriales (y algún otro en proyecto, que no ha llegado a desarrollarse) dispone de una enorme bolsa de solares equipados para acoger a unas empresas que no llegan.
Y eso que el desplome en los precios del suelo industrial ha sido sustancial. Puede calcularse que de media ha caído a la mitad, aunque en realidad es imposible equiparar la oferta de los polígonos más consolidados y que están ubicados en zonas con acceso a infraestructuras de comunicación adecuadas con aquellos surgidos por todos los puntos de la provincia al amparo de la bonanza económica y los deseos municipales, pero que en realidad tienen un atractivo limitado para acoger inversiones.
Desde el sector señalan que el precio del suelo «está sometido a negociación, es verdad que sufre un duro ajuste, pero ni todos los polígonos tienen las mismas posibilidades ni todas las empresas la misma capacidad de negociar mejores condiciones». Lo que está claro es que «el suelo gratis no existe, aunque la guerra desatada entre las autonomías para atraer empresas inversoras pueda dar a veces esa impresión».
La propia ley lo prohíbe, que las administraciones regalasen suelo a determinadas empresas se consideraría una ayuda estatal contraria a las leyes de la competencia. Lo que sí pueden hacer es buscar mecanismos que animen a las empresas a instalarse en determinado polígono.
Y en la búsqueda de estas fórmulas están volcadas las administraciones y los promotores. En Castilla y León la Consejería de Economía y Empleo opta, entre distintas fórmulas, por ofrecer concesiones a varios años (hasta 50) con facilidades financieras, que consisten en una carencia durante los primeros años de actividad, hasta que la empresa esté consolidada y pueda afrontar con más comodidad el pago. El caso es que, apuntan, «ninguna empresa deje de instalarse por problemas con el suelo». A las nuevas fórmulas de compraventa se suman posibilidades como la cesión de derechos de superficie, concesiones a largo plazo con derecho a adquisición, alguileres, bonificaciones puntuales,...
La Sociedad Estatal de Suelo (Sepes) también ha acudido a estas fórmulas para impulsar la inversión, y sobre todo para aligerar la carga que le supone mantener 6,5 millones de metros cuadrados de solares desarrollados y preparados para acoger naves. A finales de 2013 puso en marcha un proceso con bonificaciones y descuentos de entre el 20 y el 65% en terrenos a los que las empresas podían acudir mediante un sistema de subasta, para adjudicarlos después al emprendedor que ofreciera mejor precio.
En todo caso, desde todos los ámbitos se reconoce que la fiebre de finales de los 90 y principios del nuevo siglo (cuando se han desarrollado la mayor parte de los polígonos industriales) respondió más a la disponibilidad presupuestaria y el deseo de poner nuevas infraestructuras en el mercado que al análisis real de la capacidad de atraer inversión de determinadas localidades.
Los polígonos proyectados en los municipios mineros al amparo de los planes de reindustrialización del carbón son buen ejemplo de ello.
El resultado es que en la actualidad hay suelo industrial, desarrollado y en proyecto, en grandes cantidades y barato. Con los polígonos en proyecto, aún sin desarrollar, 43 polígonos en León. Una competencia en precios y fórmulas de oferta entre polígonos y promotores que se encuentra con una demanda aún prácticamente inexistente.