farina, fito, fisuelos, fiyo, falispa, focico
Hay de todo en los nombres y señalizaciones de bares y tabernas, ¡la imaginación al poder!, pero uno de Fasgar es pura consonante y guiño a la familia

Esta consonántica enseña da la bienvenida a los sedientos que visitan Fasgar.
Sonido de pesar o de resople, o de armarse de valor y resignación antes de emprender una tarea, suspiro de bofes, ¡uf!, son muchas las efes que exhibe el cartel de hoy, cazado en el pueblo de Fasgar, enseña de un barín que abre en verano y que podría hablarnos de un formidable foro de flemáticos faltos de faena febril pero que, en vez de eso, lo hace del apellido más común en la familia del fundador (¡más efes!): Fernández. Eso sí, cosa curiosa, el industrioso omañés no lo portaba de primeras: era Álvarez, Eladio de nombre.
En torno suyo, los Fernández abundaban como truchas en piscifactoría: allí donde miraras salía un Fernández sonriente o pesaroso, emprendedor o agalvanado; viniendo con el carro, dando vuelta a la yerba o mordisqueando cecina en la taberna, todos eran Fernández espigados entre otros muchos Rubio y Álvarez, con ocasionales Riesco o Bardón formando entre sí todas las combinaciones posibles. Eladio había marchado a trabajar a Madrid y quizá allí comprobara el derroche de fantasía que la gente demostraba en sus neones, y por eso decidió hacer del bar que abrió en su pueblo, y en el que luego laborarían sus descendientes, un sencillo y vinatero homenaje a madre, mujer, tíos y demás familia.
El viajero ilustrado podría pensar, en un primer momento, que rinde tributo el letrerín a la efe inicial latina que aquí sigue aferrada a abundantes palabras del día a día y a nombres de lugar fosilizados tras el paso de los siglos, de los foyacos a los fisuelos, pero la realidad suele ser más prosaica y así pasa en este verde rincón omañés que también empieza por la susodicha, Fasgar, Fasgare para los naturales. Aunque no debería sorprender el cartel al foráneo puesto que León es tierra de nombres harto singulares en sus mil chigres y figones: de los antiguos escogemos el fecundo Polvos y de los supervivientes nos quedamos con el fructífero Nalgas.
Emilio Gancedo