san isidoro también tiene portal

Por ella se entra a la sacristía y a otras dependencias de los canónigos. En la calle Sacramento, se confunde como una más de un barrio que gira en torno al monumento más emblemático.

Puerta de acceso a San Isidoro, en la calle Sacramento de León; abajo, detalle de la vidriera del frontal de la puerta.

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León

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Uno puede recorrer, paso a paso, la historia de León dando la vuelta a San Isidoro. Empezando por su muralla romana en Ramón y Cajal, siguiendo por su imponente fachada románica, mirando hacia arriba, a los pináculos góticos, en la esquina con la calle Sacramento, caminando con aires de renacimiento hacia la plaza de Santo Martino, bajando por la calle jacobea de Abadía en dirección a Renueva... Porque San Isidoro es la verdadera esencia de este viejo León. El León orgulloso de lo que fue, y debería ser.

Pero volviendo a la pequeña historia, San Isidoro también tiene su portal. Entre tanto arte, sorprende esa pequeña puerta en medio de la calle Sacramento que da acceso a la sacristía y a las dependencias de los canónigos. Una puerta de madera, moderna pero con gusto, resguardada por un arco de ladrillo que mira a la calle como si fuera una más, con una inscripción del santo en latín en lo más alto. Una puerta con portero automático.

No es que sea la más humilde. Es que el resto darían para una sección por sí mismas. La puerta de entrada a la basílica bajo ese Santiago a caballo, cuna del parlamentarismo, la puerta del Perdón que se abre en las grandes ocasiones, la puerta de entrada al museo del santo Grial y el Panteón de Reyes, la puerta de acceso al hotel en Santo Martino...

San Isidoro no sólo es arte, historia y devoción. Sobre todo, San Isidoro tiene vida gracias a su Cabildo Colegial de Canónigos. Un elenco de sacerdotes al servicio del santo sevillano, cuyas reliquias se conservan en León. El sabio entre los sabios que a punto estuvo de ser patrón de Internet.

Nuestro portal no es que sea el más humilde. Es el único que tiene su razón de ser en lo cotidiano. Abrir y cerrar la vida diaria de un monumento que está vivo las 24 horas. Donde a nadie se le cierra nunca la puerta, y uno es testigo como vecino del barrio. No se trata aquí de banalizar al monumento santo y seña de León junto con la Catedral, sino de reconocer la verdadera dimensión humana de quienes han sustentado y defendido sus muros durante siglos. Los canónigos. Quienes ya se fueron como Viñayo y quienes siguen su estela, con la bandera del gran Doctor de las Españas.

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Manuel C. Cachafeiro