TESTIGO DIRECTO: UNA LEONESA EN SIERRA LEONA

«No es verdad que no se salve nadie enfermo de ébola»

La médica leonesa Manuela Cabero habla desde Sierra Leona, donde prepara el hospital de Cruz Roja Española para la emergencia

Manuela Cabero Morán, segunda por la derecha, con el equipo de Cruz Roja desplazado a Sierra Leona por el ébola.

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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En Sierra Leona es la estación de las lluvias. El coche en el que viaja Manuela Cabero Morán se ha quedado empantanado por el barro. Delante, un camión con material sanitario también ha tenido que salir del atolladero. Un pequeño incidente en un país que ha pasado de estar asolado por la guerra a ser uno de los focos del virus del ébola en África Occidental.

La comunicación telefónica se corta varias veces. «Venimos de pasar cuatro días en el hospital que desde hace siete semanas tiene Médicos Sin Fronteras con pacientes de ébola. Nos han estado enseñando y formando en todas las medidas de seguridad porque lo más importante es la no transmisión de la enfermedad y la seguridad de los trabajadores y de la familia de los pacientes», apunta.

Manuela Cabero, médica de origen leonés, forma parte de la unidad de emergencia desplazada el 1 de agosto por Cruz Roja Española a Sierra Leona tras el llamamiento de la OMS por la crisis del Ébola. La misión de este equipo es poner en marcha un hospital para la atención a los enfermos de ébola en Kenema. El Gobierno ha cedido 15.000 metros cuadrados para levantarlo.

«Lo más importante es evitar la transmisión de la enfermedad y enseñar al personal sanitario de aquí y a la población las medidas higiénicas y de prevención. Es la única manera de atajarlo», insiste. Pero cuando el contagio es un hecho, hay que cuidar y tratar a los enfermos. «La labor educacional, las medidas higiénicas y atender a los pacientes son nuestras misiones. Ahora mismo hay una mortalidad del 65%, el 35% restante con unas medidas adecuadas de hidratación se pueden salvar», apunta. La hidratación es una de las medidas más importantes para salvar vidas infectadas por ébola. «La ayuda es muy importante para intentar salvar vidas y es nuestra misión también que los que mueran, mueran con dignidad».

«No es verdad que no se salve nadie enfermo de ébola», afirma. Frente a la alarma social de Occidente, allí la vida con el ébola transcurre con normalidad, comenta la médica. «La gente aquí hace su vida normal, está acostumbrada a todo tipo de epidemias y tienen muchas enfermedades hemorrágicas. Esta mañana en el hospital de nueve pacientes que vi, seis eran de la misma familia», explica.

La llegada de ayuda humanitaria es recibida con alegría por la población. «Se ponen contentos de que haya gente que les pueda atender y quieren saber si tienen ébola», añade. Lo que tiene muy claro Manuela Cabero es que «no somos héroes». «Somos gente normal», apostilla.

No es la primera vez que acude en misión humanitaria a Sierra Leona. La última vez fue como anestesista, su especialidad médica, a un programa quirúrgico. Poco ha cambiado allí, comenta. «El país está en la misma situación, con unas carencias inmensas. Es hora de que se ponga la atención sobre África en general y el ébola en particular», subraya.

La unidad de emergencia de Cruz Roja Española tiene capacidad para desplazarse en 48 horas a cualquier parte del planeta. El hospital que levantarán en Kenema lo estrenará el siguiente equipo. El protocolo establece que el personal que está en contacto directo con el virus no puede permanecer mñas de tres semanas en la misión.

En los hospitales usan unos trajes especiales o buzos que los aísla totalmente del paciente. «Ni un sólo centímetro de nuestra piel queda al aire», explica. No tiene miedo. «Tenemos precaución y respeto a la enfermedad. Es en lo primero que nos formamos tanto nosotros como el personal sanitario local. Nadie nos obliga a venir aquí», apunta.

Manuela Cabero nació en San Cristóbal de la Polantera, se crió en Veguellina de Órbigo y estudió medicina en Salamanca. Su primer destino fue Izagre. Después se formó como anestesista y ha hecho su carrera profesional en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo. Hace dos años fue jubilada por imperativo legal del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha. Es vicepresidenta de Cruz Roja Española, cargo en el que cesa cada vez que sale en misión médica especial.

Salta a la vista que sigue plenamente activa en otros frentes. Sus últimas palabras antes de despedirse son para llamar la atención sobre el continente olvidado: «Que se acuerden de los problemas de África y de sus necesidades. Cuando tienen que enfrentarse a algo que supera la capacidad individual, de la sociedad y del propio Gobierno, como con el ébola, se convierte en un problema de la humanidad y todos tenemos que involucrarnos».

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Cruz Roja Española envió 12,5 toneladas de material de emergencia por valor de 290.000 euros junto al equipo de emergencia con personal especializado en salud (personal médico y de enfermería), logística (telecomunicaciones, agua, logística, saneamiento) y un arquitecto. El vehículo de Cruz Roja atraviesa la hermosa selva y una inmensa pobreza. Al llegar a Kenema el hospital casi está en pie. Hay esperanza.