prohibido prohibir jugar

Ante tanto impedimento y tanto conductor chalado, la rapazada de Cifuentes instaló una señalización propia

Prohibiciones en un inmueble de León, y creativa petición rural de precaución.

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León

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Prohibido patinar. Prohibido jugar a la pelota. Prohibido saltar a la comba. Prohibido pasear perros. Prohibido niños, incluso, en la entrada de algunos hoteles. Otras señales, atisbadas en el oráculo de Internet, son aún más terroríficas: «Aviso a los niños que anden solos en este lugar: serán vendidos como esclavos». «Se prohíbe jugar a la pelota (bajo pena de muerte)». O «rogamos a aquellos clientes que tienen a sus hijos asilvestrados y sin vacunar, los mantengan amarrados y con el bozal puesto». Bueno, pues sí, los rapaces son inquietos y a algunos dan ganas de tirarlos al río —aunque en ese caso extremo, probablemente a quien haya que añusgar es a sus padres—, pero son niños y tienen que moverse, que trastear, que hacer el ganso, que rasponarse las rodillas y que llevar las culeras manchadas de verdín. Aun así, los patios de las comunidades de vecinos abundan en carteles muy severos plagados de vetos y restricciones —o sea, además de zonas tristes y oscuras, puro pavimento pelado, pretenden desalojar las únicas risas del barrio, ¿y si el futuro Messi fuera a salir de uno de esos patios?— y en los pueblos pasan los coches a velocidad endiablada incluso por carreterillas que culebrean entre casas y pajares, peligrosísimo rally agropecuario.

Por eso, la chavalada de Cifuentes de Rueda, en un acto de lo más juicioso y coherente, decidió colocar este verano, bajo el cartel anunciador de la población, otro de su invención y diseño, que reza lo siguiente entre muchos colorines: ‘Precaución. Estamos jugando’ (y consta el amable ‘gracias’ por el otro lado). Ahí está, para que luego digan de las nuevas generaciones. Gran lección de urbanidad. A tascar el freno, que hay gente pasándolo bien, que también tenemos derecho. Recuerda la señal a aquella otra, asimismo espontánea, instalada en una pequeña localidad sureña: «Conduzca con precaución. En este pueblo no sobra ningún niño».

Emilio Gancedo

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