EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO
Montserrat y Triana tenían alteradas sus facultades mentales en el momento del crimen de Isabel Carrasco, según un psiquiátra
La defensa cree que es una atenuante y la jueza encargará otro estudio a los forenses
Monserrat González y su hija Triana Martínez
El primer avance del informe psiquiátrico solicitado por la defensa de Montserrat González y Triana Martínez sostiene que las dos principales imputadas tenían alteradas sus facultades en el momento del crimen de Isabel Carrasco y considera que la notable enemistad que se había generado entre a víctima y las dos acusadas había afectado de forma notable a sus capacidades volitivas.
El documento completo aún no ha sido entregado a las partes pero estará aportado en breve, después de que los forenses designados por la defensa de las dos mujeres realizaran las pruebas que consideraron pertinentes en el Centro Penitenciario Provincial de Mansilla de las Mulas.
En los tests practicados, siempre de acuerdo a los primeros datos que han trascendido del resumen del estudio, se aprecia que el trato que había recibido Triana por parte de la institución provincial había generado un estado de odio en la hija del que se fue contagiando la madre como consecuencia de las reiteradas conversaciones que mantenían de forma constante en la intimidad.
Ya en la primera declaración de la madre en sede policial, a medianoche del día siguiente al crimen, el letrado defensor que asistió inicialmente a las dos mujeres, solicitó que su clienta fuera examinada por un médico forense para que se realizara una evaluación psicológica. «La forma en la que se expresó era tan caótica que costó un gran esfuerzo entenderla y los funcionarios policiales tuvieron que hacer un gran esfuerzo para poder plasmarlo de forma coherente».
Hartazgo
Fruto del carácter protector de Montserrat y de la especial admiración que la joven sentía por su madre, se fue fraguando el plan que terminó con la vida de la presidenta de la Diputación. «Estaba harta y ya no podía aguantar más. Han sido tres años de desesperación total. Tenía que hacer justicia de alguna manera porque no podía soportar todo lo que estaba sufriendo mi hija», explicó Montserrat.
«Todo lo que pasaba yo se lo explicaba a mi madre y quizá eso generó una situación angustiosa», sostiene Triana. «Quizá de tantas veces que le repetí que ya no lo soportaba más y que no podía con esta situación le generé una angustia permanente. Incluso a pesar de haber ganado un litigio, llegar a los juzgados me ha supuesto gastos. Mi madre ha envejecido por culpa de todo esto, ha tenido que ocuparse día y noche de mí abandonando incluso a mi padre y se ha vuelto nerviosa, infeliz y hasta ha vuelto a fumar».
«Llevaba mucho tiempo queriendo encontrarme con Isabel. Quizá algo menos de un año. Lo que le ha hecho a mi hija no tiene nombre, no se puede tratar así a una persona. Pero no me doy cuenta de qué me pasó por la cabeza en aquel momento. Sentí algo muy fuerte, increíble y no podría precisar lo que se me pasó por la cabeza. Cuando acabó todo me fui, pero estaba ida de la cabeza».
Respecto a los seguimientos que realizaba a Isabel Carrasco y sobre los que declaró recientemente una vecina de la víctima, Montserrat mantiene una tesis diferente a la de la testigo: «Mi hija no hizo ningún seguimiento. Yo sí. Quería saber sus costumbres, a qué hora entraba y a qué hora salía pero mi hija no tiene por que estar implicada en algo que solamente hice yo», manifestó según consta en la documentación que obra en poder de la jueza instructora del sumario.