PATRIMONIO LEONÉS
Ni por amor de cuna
Consistorio y Cabildo no ceden en si es foro u oferta la ofrenda por las Cantaderas dentro de un eterno debate que perdura por siglos
Primo Lucio Panera entrega una cuna de miniatura al síndico Juan Pablo Valadares durante su enfrentamiento dialéctico en las Cantaderas
Un amor reñido perdura siglos, como el debate de las Cantaderas. Porque el amor el síndico municipal, Juan Pablo García Valadés, lo interpretó como muestra de que «el pueblo de León viene a la Catedral a hacer la ofrenda» por el fin del tributo de las Cien Doncellas «libre y voluntariamente», como hizo él mismo cuando acudió a «reservar altar» para formalizar su relación. «Vine a pedirle fecha para que me casara porque debía, pero nadie me obligaba», explicó a modo de ejemplo para convencer al capitular de la Catedral, don Primo Lucio Panera, a quien aconsejó que vea «la ofrenda desde el corazón, no desde la razón». Pero el brillante portavoz del cabildo catedralicio, que insistió en que «todo se perdona menos no tener razón», analizó ese mismo «amor que si es amor perdura, se queda, posa y empapa a las personas», como prueba de que «el corazón está en el pueblo que quiso y quiere esta tradición». «El amor es precisamente lo que da esa fuerza de garantía, esa responsabilidad», resumió, tras citar que «el pueblo de León no es villano, sino valiente, generoso y agradecido para saber que no debe venir al albur, sino como foro».
Ni siquiera le sacó del argumento el ofrecimiento del síndico municipal de una caja de bombones —«más de la mitad son de licor, que sé que le gustan», apuntó— para que el capitular rindiera la plaza. Pero el capitular cargó la ironía y ofreció un presente de vuelta: «Les regalo una cuna para que se la enseñen a los que pregunten dónde está esa cuna del parlamentarismo. Saben bien que lo que se aprende en la cuna nunca se olvida. El pueblo de León aprendió en la cuna que es obligación», zanjó.