Diario de León

«Lo más duro es esperar a que el teléfono suene»

Leoneses como José Dimas Pardines, Sheila Silvares, Raúl César Pablos o María Jesús Rituerto comenzaron el año lejos de las oficinas del paro

Después de año y medio en paro, José Pardines ha puesto en marcha una tienda con dos socios.

Después de año y medio en paro, José Pardines ha puesto en marcha una tienda con dos socios.

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PABLO RIOJA | LEÓN
León

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Los lunes dejaron de ser al sol hace apenas un mes para José Dimas Pardines, Sheila Silvares García y Raúl César Pablos, tres jóvenes emprendedores leoneses de entre 28 y 34 años que a finales de diciembre del pasado año abandonaron «al fin» la lista del paro. «Llevábamos tiempo buscando una idea diferente que no existiese como tal en la ciudad».

La enfermedad de uno de los socios les llevó a crear Comesin, una tienda de alimentación especializada en personas con alergias alimentarias. Sheila es la que más tiempo llevaba sin encontrar un empleo, en concreto desde hacía tres años, el resto alrededor de año y medio. «Lo más duro es levantarse cada día y esperar a que suene el teléfono con alguna oferta, pero no llega nunca», señala Raúl. Cansados de esperar y con la prestación agotada en el caso de García y Pablos, decidieron que era el momento de mover ficha. Mantienen la esperanza de que el negocio prospere y la alegría de saberse entre los leoneses que han encontrado un empleo.

Otro leonés que comienza el año con buen pie es Diego Rodríguez García, que a sus 23 años comenzará a trabajar la próxima semana en Aceros Inoxidables Rubiales e Hijos, una empresa situada en Santa Olaja de la Ribera. «En un principio el contrato es por tres meses» —aclara—. En 2013 concluyó el ciclo de grado superior de Construcciones Metálicas y en la actualidad cursa otro de Mecatrónica Industrial en Don Bosco.

El caso de María Jesús Rituerto resulta esperanzador para los parados que superan los 45 años, un segmento de población cuya avanzada edad se convierte en la mayor parte de los casos en un problema añadido. Después de cuatro años de sequía laboral, el pasado 20 de diciembre le tocaba su particular Lotería de Navidad. «Me ofrecieron un puesto en una empresa de telefonía como teleoperadora para captar nuevos clientes». Licenciada en Historia, no llegó a ejercer nunca «porque decidí dedicarme a cuidar de mis hijos». Sí lo hizo años después como cajera en una grande superficie de la capital hasta que la crisis y los recortes la dejaron en la calle. «Vino en el peor momento, con mi marido prejubilado y altas cargas familiares». Asegura que llegó a perder la esperanza y ahora, pese a que su contrato tiene fecha de caducidad en mayo, confía en «hacer las cosas bien para que me ofrezcan una renovación», finaliza esta leonesa.

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