La falta de medicación acelera los síntomas y altera la conducta de los pacientes
La medicación que toman los pacientes de alzhéimer está dirigida a mantener los niveles de atención y concentración, frenando la evolución de la enfermedad, y a tratar los problemas de conducta que suelen desarrollar los enfermos en las fases más avanzadas. La supresión o interrupción de cualquiera de ellos significa no alcanzar los objetivos terapéuticos que buscan los especialistas, según la gerente de la Asociación de Alzhéimer de León, Flor Juan. «Supondría no mantener el nivel de atención y concentración para facilitar a los pacientes su desenvolvimiento en la vida diaria».
El médico receta también pastillas para evitar las alteraciones del estado de ánimo que en ocasiones desarrolla el paciente en las fases avanzadas de la enfermedad, como insomnio y conductas agresivas «que no sólo suponen un problema grave para el paciente sino para sus familiares. En definitiva, se agravaría la evolución de su enfermedad».
El estudio destaca también la importancia que tiene la sobrecarga del cuidador en la adhesión de los tratamientos. El 11% de los cuidadores entrevistados acusan el cansancio. «En el tratamiento de la enfermedad de alzhéimer no se ha tenido nunca en cuenta al cuidador».
El vocal de Pacientes del Colegio de Farmacéuticos, Joaquín Carrasco, destaca la dificultad de ajustar de nuevo las dosis de la medicación tras el abandono de los tratamientos. «Los ajustes de dosis son complicados porque estos medicamentos tienen efectos secundarios como los problemas estomacales, que vuelven a aparecer al reiniciar la medicación. Hay que tener en cuenta que estos pacientes toman además más medicamentos para otras enfermedades».
El exceso de responsabilidades que recaen en el cuidador es una de las razones que destaca el estudio. «Un porcentaje muy elevado pero suficientemente representativo reconoce que olvida algunas tomas o las administra fuera del horario pautado por su especialista».