Diario de León

EL ESTADO DE LOS PARQUES

La procesionaria se convierte en una plaga en los parques de León

La oruga genera urticaria, conjuntivitis y es muy peligrosa para los perros

La oruga se embolsa en las zonas altas de las coníferas

La oruga se embolsa en las zonas altas de las coníferas

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ÁLVARO CABALLERO | LEÓN
León

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El espectáculo de las procesionarias ya es una plaga en la ciudad, según reconocen los expertos. Un problema que repta desde lo alto de las coníferas hasta llegar al suelo y enterrarse para eclosionar como mariposa: un tránsito en el que cada una de las orugas, que cuenta con hasta medio millón de pequeños pelos o tricomas urticantes y tóxicos, se convierte en una alerta para las personas y, sobre todo, para los perros que pueden llegar a morir al lamerlas. Sólo en casos extremos puede generar un choque anafiláctico, aclaran los profesionales, aunque admiten que su contacto con la piel provoca irritaciones en forma de ronchas rojas por todo el cuerpo y conjuntivitis.

Pese a que su época de mayor auge está a punto de cerrarse, los servicios municipales de jardines y limpieza se afanan estos días para evitar que se propaguen por los parques y zonas de ocio en las que hay menores. La campaña de prevención hace que desde mediados de enero se haya actuado sobre los bolsones que se crean en la parte alta de las coníferas para retirarlos. Unos focos de expansión que se han localizado sobre todo en el extrarradio, a partir de los pinos paralelos a la carretera de Carbajal o en el entorno del campus de la Universidad, pero que también han tenido relevancia este año en otros enclaves más céntricos en los que hasta ahora eran testimoniales, como en los cedros del parque de la antigua maternidad de la carretera de Asturias, en la calle Pizarro, en el paseo de Papalaguinda, en la avenida de la Facultad, en la Corredera, en la plaza del Huevo, en el parque de San Francisco o en la Condesa de Sagasta.

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