HISTORIAS DE LA PUBLICIDAD

quien da primero, da dos veces

Vinos, viajes a Cuba y México, sastres, campanas y buenos alimentos conformaron la primera página de publicidad en la historia del DIARIO DE LEÓN. Aquí empieza una sección con anuncios para todos los gustos..

Algunos de los anuncios que se publicaron en uno de los primeros ejemplares del DIARIO DE LEÓN, en 1906. De la compañía Trasatlántica (arriba), de fundición de campañas (en el centro) o de vinos y cafés tostados (en la imagen inferior).

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León

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En tiempos de Facebook, levantemos la bandera de la primera publicidad, como un homenaje a los pioneros del arte de vender cosas. Y para empezar, qué mejor que hacerlo en casa, con los primeros anuncios que publicó el DIARIO DE LEÓN, el decano con un siglo y pico que se sigue levantando todos los días como un chaval.

El primer anuncio del Diario, cuya primera sede estuvo en la calle de la Paloma, 17, fue de sí mismo, para que le conocieran los demás: «En este nuevo establecimiento tipográfico se reciben encargos concernientes al mismo, los que se servirán con prontitud y economía». Y así empezó todo, con anunciantes que lo han sido toda la vida, que han pasado de padres a hijos...

Los anuncios reflejan también el pulso de la vida y entonces, en 1906, uno de los primeros anuncios de este periódico fue sobre los viajes que ofrecía la Compañía Trasatlántica a Cuba, México, Nueva York, Filipinas... Aquellos leoneses emigrantes que siguen en el recuerdo de muchos pueblos y que han hecho de León un manto de buena gente por medio mundo.

Los vapores que prestaron servicio durante los meses de enero y febrero de 1906 salieron desde Bilbao —el ‘Reina María Cristina’— a Cuba y México. También desde Barcelona, Cádiz, Valencia... Y como había que ir bien vestido, qué menos que un buen traje. Trajes Telares, de Valladolid, tenía despacho en León y sastrería ‘Teófilo’ también se anunciaba con el nombre del jefe a toda pastilla.

Camilo de Blas —quién no se acuerda de Camilo de Blas— ya ofrecía sus cafés tostados: «probando estos cafés, no se quiere después otros». Y Liborio Hoyos, frente al vivero de Obras Públicos, entendemos que es lo que hoy conocemos como parque de Quevedo, anunciaba a 4 pesetas el cántaro de vino.

Entre esos primeros anuncios también inimaginables hoy, como de campanas. Las de Segundo Diez Ramos, de Villarente. «Se hacen de todos los pesos y sistemas conocidos; refundición de rotas, diez pesetas arroba, incluso la merma y trasladada al taller; metales nuevos de primera clase dos pesetas libre; garantías a gusto de los interesados». Ahí queda eso. Ya ven, campanas al mejor precio.

Y también los delicatessen se abrían paso. La Madrileña, en la calle Cervantes, con «Coloniales, licores y finos vinos», «frutas verdes y secas de todas las regiones» y conservas y legumbres. Sidra El Hórreo, champagne Len Chandon, jamones, vinos de Valdepeñas...

Y las esquelas —¡toquemos madera!— con precios... Bueno, mejor cambiar de tema.

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Manuel c. cachafeiro