Un viaje por las viejas vías
Los integrantes de la Asociación Leonesa Amigos del Ferrocarril (Alef) se encargan de reparar el material ferroviario que cae en el olvido, con el objetivo de conservar el patrimonio del ferrocarril histórico. Sus trenes se encuentran en vía muerta en las inmediaciones de la antigua estación de la capital leonesa
Los ferrocarriles que están en manos de la asociación se encuentran en las vías de la antigua estación del Norte, que en la actualidad permanece en desuso
Trenes antiguos y llenos de historia que en su día transportaron a infinitud de pasajeros a lo largo de miles de kilómetros de vías que recorren el país. Trenes que en la actualidad están parados, sin posibilidad de volver a ponerlos en marcha para viajar. Esa es la principal misión de la Asociación Leonesa Amigos del Ferrocarril. Conservar, recuperar y renovar el material ferroviario que ha caído en el olvido. Hablamos con el presidente y director técnico de la Alaf, Buenaventura Durruti, que nos cuenta todas las labores que realiza la asociación y todas las dificultades que se les presentan a su equipo directivo y a sus más de 500 asociados.
Los ferrocarriles en manos de la asociación se encuentran en las vías de la antigua estación del Norte, actualmente en desuso. Sobre los trenes más preciados que tienen, el presidente de la Alaf destaca la famosa Mikado y la Inglesa, y remarca que son ambas bienes de interés cultural. La Mikado, construida en Barcelona en 1957, recorrió más de 600.000 kilómetros a lo largo de la península. Tras dos años de trabajo, la Alaf consiguió restaurarla por completo, y desde entonces ha realizado 40 viajes para la asociación. Perteneciente a una serie que llegó a España entre 1952 y 1959, la Inglesa trabajó entre León, Asturias y Galicia hasta que fue dada de baja en el servicio en 1994. A pesar de ser las dos máquinas más características, la asociación cuenta también con cinco coches de viajeros de la serie 6000, un electrotren 432012, una locomotora diesel de maniobras 11361 y un coche laboratorio 8000, entre otros. La Alaf se ha encargado de dejar el interior de los trenes restaurados exactamente igual a como fueron concebidos cuando se fabricaron en su día.
Durruti describe la Alaf como una «asociación atípica». La mayoría de asociaciones de ferrocarriles se dedica a labores como la fotografía o el modelismo, mientras que la mayoría de los integrantes de la asociación leonesa han sido ferroviarios y han vivido la época dorada de los trenes de primera mano. Además, se siente orgulloso al recordar que otros les han tratado de copiar, porque eso significa que están haciendo bien su trabajo. Uno de los sueños de Durruti es que las labores que hacen se puedan transmitir a un futuro museo del ferrocarril con una escuela taller, según su opinión, algo indispensable para un museo de este tipo. Asegura que «un museo del ferrocarril sin taller es igual que un hospital sin quirófano».
Las restauraciones de las máquinas las hacen voluntariamente, e intervienen porque tienen conocimientos y saben lo que hacen. De hecho, hay libros que destacan y elogian la reparación que la Alaf hizo de la Mikado de León. El no tener acceso a los talleres en la actualidad es uno de los mayores problemas para Durruti. «Hay una máquina en Talleres Celada del año 24, una preciosidad mayor que la Mikado, y es una pena porque está en tierra de nadie», señala, a la vez que afirma que el patrimonio que han construido no lo pueden comercializar porque está declarado bien de interés cultural y que se lo dejan «a futuras generaciones».
En cuanto al Ponfeblino, el tren turístico que realizaba un trayecto entre Ponferrada y Villablino, Durruti se muestra firme: «Están reivindicando que les pongan un tren para revitalizar la comarca, y nosotros que lo tenemos, ¿por qué no se aprovecha?» La provincia de León, dentro del Camino de Santiago, es la que más kilómetros tiene, por lo que cree que sería ideal un tren vinculado a la Ruta Jacobea originario de Sahagún y con destino a Astorga, pasando por León. El Tren de los Reyes es otro de los temas más polémicos a los que la asociación ha tenido que hacer frente. Sobre esto, el director dice que «se creen que poner en funcionamiento el Tren de los Reyes se puede hacer de un día para otro, y eso no es así». «Para poder sacar el Tren de los Reyes, tendríamos que tener acceso a los talleres y tendríamos que estar trabajando en este momento, y tenemos dos coches que hay que reparar», concluye.
Según el director de la Alaf, la asociación tiene tres enemigos clave: el clima, los graffiteros y los ladrones. Lamenta que la lluvia decolore los trenes, ya que están a la intemperie y no tienen dónde meter el material. Si bien confía en que el nuevo ayuntamiento pueda facilitarles un nuevo lugar para resguardar las máquinas, asegura que «promesas nos han hecho muchos, pero cumplirlas pocos». En cuanto a los graffiteros, los socios están hartos de que pinten los trenes, ya que la asociación ha trabajado duro para reparar y pintar esas máquinas. El tercer enemigo son los ladrones, que tienen como principal objetivo el cobre de los trenes. Sobre las personas que no tienen lugar para dormir, Durruti desconoce si alguna vez han entrado a los vagones, pero afirma que no han tenido ningún problema con ellos.
Con todas las labores que realizan los amigos del ferrocarril, preguntamos a su presidente si cuentan con el apoyo de alguna entidad. «No contamos con el apoyo de nadie», nos confirma. Hace 5 años se canceló un convenio que la asociación tenía con Integria, la empresa de Renfe que gestiona los talleres, para poder utilizarlos y restaurar las máquinas. Desde entonces, aseguran que han escrito hasta a la Ministra de Fomento para conseguir un nuevo convenio, pero ha sido en vano, y lamenta que tengan máquinas declaradas de interés cultural y no puedan intervenir en ellas por no tener acceso a los talleres.
A pesar de las adversidades que se presentan ante la Alaf, el equipo sigue trabajando para cumplir los objetivos que se proponen y dar la oportunidad a los más jóvenes de montar en ferrocarriles de otras épocas para disfrutar de un viaje por el pasado.