María Luz Arias argüello | farmacéutica atracada

«La policía nos dice que atendamos a los clientes desde detrás de las rejas»

Una de las farmacias que están en servicio de León.

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León

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Eran las 14.30 horas. María Luz Arias Argüello, la titular de la farmacia próxima a la Plaza de la Inmaculada, acababa de salir de su despacho. Su farmacia estaba de guardia hace una semana y al frente del servicio se quedó la farmacéutica adjunta. «Como ya se habían producido más atracos le dije que podía cerrar la puerta y atender detrás de la reja, pero a mí personalmente no me gusta hacer eso», recuerda la farmacéutica Arias Argüello. En la farmacia quedó sola su ayudante que, a los pocos minutos, vio por la cámara que entraba alguien encapuchado, con la cara tapada y con una pistola en la mano. «No sabría decirte si la pistola es de verdad o no, pero el susto que te llevas es el mismo», asegura. La farmacéutica sabía a lo que se enfrentaba. Aleccionada por la propietaria, no se resistió. «No mediaron palabra. Le dije que si el atracador llegaba a nuestra farmacia que no se resistiera, que abriera la caja y le diera todo, y eso hizo. En esa ocasión ni se dirigieron la palabra. Todo fue muy rápido. Llevaba la cara tapada y con gafas».

María Luz se niega a despachar a los clientes detrás de la reja. «La policía nos ha dicho que cuando estemos de guardia dispensemos los medicamentos detrás de la reja, pero yo les digo que no quiero, el que tiene que estar detrás de las rejas es el delincuente, no yo».

Otros farmacéuticos consultados por este periódico aseguran que el atracador siempre acude con la misma ropa y totalmente cubierto. «A una de las farmacéuticas le dijo que no se le ocurriera mirarle a los ojos».

Los farmacéuticos quieren que acabe esta oleada de robos para poder atender a los clientes «con calidad y con el mejor servicio, como hacemos siempre, y queremos estar protegidos», explica el presidente del colectivo, Antonio Carrasco.

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