«He perdido tiempo, dinero y mi vida, es indignante que hagan esto»
Carmen Rodríguez tiene 30 años y es de Badajoz. Aceptó un trabajo a media jornada como enfermera para la Junta de Extremadura y renunció a otro empleo como podóloga (también posee esta titulación) para poder estudiar y, por fin, tras más de cuatro años volcada en las oposiciones, sacar una plaza fija de enfermera. Las de Castilla y León son las terceras oposiciones de Enfermería que se suspenden este año tras Extremadura y Canarias y para todas ellas la joven pacense había pagado entre 25 y 30 euros por inscribirse para optar a alguna de las plazas. «He perdido mi tiempo, dinero y vida con mi familia, es indignante que hagan esto», apunta Carmen desde Badajoz tras indicar que ahora ya está «sin ganas, porque la primera vez te cabreas, pero la tercera ya te ríes, lloras, te amargas y estás una semana maldiciendo, pero después sabes que tienes que sacar ganas y vuelves a ponerte a estudiar». Y así es, porque después de llevar años organizando su vida y sus vacaciones, sus descansos y toda su actividad diaria ella tiene claro su objetivo: «Quiero mi plaza fija, llevos muchos años yendo de un sitio para otro y voy a por todas». Mientras, espera poder recuperar la reserva del hotel en León.
En la misma situación se encuentra la joven leonesa Marta García. Ella, al igual que Carmen, ha estado pagando mensualmente los 150 euros de la academia para preparar la oposición. Ha renunciado a trabajos para poder estudiar y volcarse en unas pruebas que se han suspendido.
Marta, que también estudia en la biblioteca de la Universidad, donde coincide con un «numeroso» grupo de opositores, apunta que ayer todos «estaban en shock y desquiciados, porque muchos se juegan el puesto de trabajo y la comida de cada día». También seguirán estudiando.
Ambas se sienten «como títeres» en manos de gente que está «sentada en su despacho contando el dinero de las inscripciones» mientras ellas no puede vivir «pendientes de un examen». Desde Badajoz, Carmen hace un llamamiento para que «dejen de jugar con los enfermeros».