EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO. De frente y de perfil

Dos polis muy malos

Los inspectores de Burgos contraatacan a Triana y Montserrat pero con sombras en su actuación.

Los inspectores de Burgos.DL

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Ana Gaitero | león
León

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¿Por qué Manuel J. Peña Echavarría, el jefe superior de Policía de Castilla y León, eligió a dos inspectores de Burgos para ‘apoyar’ la investigación del asesinato de Isabel Carrasco en León. O mejor dicho, ¿era necesario que vinieran dos policías de fuera para apoyar la investigación?

«Vinimos para dar un plus de garantía e imparcialidad al ser familiares de un compañero», respondió Alfonso Santocildes, leonés de origen y el hombre que recibió la llamada del jefe superior para que ‘escogiera’ a otro compañero y se desplazara a León. Fallaron. El jurado decidirá si prestaron un buen servicio o malo.

«¿Era usted el más listo?», preguntó el abogado de la defensa de Montserrat González y Triana Martínez en su estrategia de horadar la imagen de los dos inspectores después de que su papel en la investigación quedara en entredicho, ya durante la instrucción, al ocultar en sede judicial que estuvieron en el domicilio de Raquel el día que avisó de que tenía un bolso con el arma en su coche.

La mañana del martes 13 de mayo, sobre las 9.45 horas, los dos inspectores salieron precipitadamente de Burgos en dirección a León. Ni siquiera se fijaron en en el depósito y tuvieron que parar para repostar.

A tener en cuentaPara Triana y Montserrat los inspectores fueron los 'buenos polis' hasta que vieron que su declaración incriminaba a la hija del comisario

Desde entonces, al leonés Alfonso Rodríguez Santocildes, destinado en Burgos, y a Eloy, el responsable de la Udev de la ciudad castellana les cayó encima el papel de malos de la película. No fueron bien recibidos por la comisaria provincial, María Marcos, ni tampoco por el segundo comisario. Es lo que han dicho. Casualmente, se encontraron con ambos en el bar La Solera nada más llegar a León.

No les gustaba que viniera gente de fuera a su territorio. ¿Por qué no fueron incluidos en la diligencia que se hizo sobre la reunión en casa de Raquel Gago la tarde del 13 mayo? Nadie lo ha explicado. Pero ellos lo ocultaron a la jueza de instrucción inicialmente y luego rectificaron. Craso error.

Para Triana y Montserrat fueron polis buenos por unas horas. A Montserrat, que no le gustó la fabada de lata que le dieron de comida en el calabozo, estaba muy nerviosa y ellos le ofrecieron un bocadillo y una Coca Cola. Ella dice que también un pacto. Ellos lo niegan «rotundamente». Si se da crédito a esa declaración, Triana habría recogido el bolso a Montserrat y sería cooperadora. Y si no, puede triunfar la versión de las acusadas: Triana recogió el bolso y sólo sería encubridora. O sea nada, porque es familiar de la asesina.

Con su papel de polis malos, los inspectores no ayudan mucho a las acusaciones. Menos aún el inspector Eloy en el caso de la acusación de la agente de la Policía Local: «Me creí la versión de Raquel», contestó al justificar la ausencia de más investigaciones sobre la agente el día que entregó el arma.

Cuando Montserrat González mató de tres tiros —de los cuatro percutidos con el revólver adquirido a un delincuente de poca monta de Gijón, ya fallecido cuando se perpetra el crimen— Peña Echavarría, quien nadie duda que sí conocía al padre de Triana y esposo de Montserrat en su condición de comisario de Astorga, apenas llevaba dos meses en el cargo. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, acudió a su toma de posesión en Valladolid el 24 de marzo de 2014, acompañado por el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, el entonces delegado del Gobierno en Castilla y León, Ramiro Ruiz Medrano y el subdelegado del Gobierno en Valladolid, José Antonio Martínez Bermejo.

Resolver el crimen de León era una urgencia. Para la Policía y también para el Gobierno. O viceversa. La muerta era la presidenta de la Diputación y del Partido Popular de León y las dos detenidas, hasta ese momento, eran la esposa e hija del comisario de Astorga. Dos razones de peso.

Los dos inspectores negaron ayer «rotundamente» que se presentaran ante Montserrat y Triana como amigos de su esposo, desmontando las afirmaciones de madre e hija. «Es rotundamente falso», aseguraron.

Triana hacía gestos afirmativos con la cabeza, mirando fijamente al inspector Santocildes, y sonriendo. No deja de tomar notas mientras su madre parece estar en otro mundo, dormitando. El magistrado tachó de impertinente la pregunta de la abogada que representa a Loreto Rodríguez, hija de Isabel Carrasco: «¿Le sorprende que ahora digan otra cosa?». «Me duele», dijo Santocildes, en uno de los pocos momentos en que abandonó su rol desafiante a los abogados defensores. El magistrado le llamó la atención.

Su versión de la conversación con Montserrat es bien distinta: «¿Conoceréis a mi marido?», repetía ella, según el inspector. «¿Conocéis a papá?», habría preguntado Triana, según el jefe de la Udev de Burgos.

Santocildes es un hombre joven, de unos 40 años, delgado y con entradas muy pronunciadas, de mirada penetrante y muy vehemente. No se deja amilanar. En su indumentaria predominaba el azul marino, un color que inspira credibilidad, autoridad, fuerza y profesionalidad, así como concentración, y profundidad. Hizo de poli duro y respondón. Su compañero, con chaqueta marrón y camisa y corbata lila, vaqueros y zapatos grises de ante estuvo tranquilo en su declaración. Más frío pese a su atrevida y más cálida apariencia exterior.

La nueva generación de inspectores del Cuerpo Nacional de Policía no tiene nada que ver con aquellos tipos desaliñados, broncos y sin vida privada de las novelas y series del género negro. Los inspectores que vinieron de Burgos tienen formación universtaria —Santocildes estudió Derecho en León— son coquetos y la familia ocupa un lugar importante en sus vidas.

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Fuera leal o perversa la confianza que dieron a Montserrat y Triana se les ha vuelto en contra como un boomerang. O no midieron las consecuencias de ciertas confianzas y ya se sabe... Donde hay confianza...