EL JUICIO POR EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

Las contradicciones policiales dan apoyo a las tesis de Raquel Gago

Los agentes relatan tres versiones sobre la posibilidad de que no viera el bolso en su coche.

El jefe de grupo de la Udev, en el trasnscurso de su declaración de ayer en sala.

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León

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miguel Ángel zamora | león

La diversidad de relatos de los policías que ayer declararon sobre el episodio de la aparición del arma del crimen en el coche de Raquel Gago reforzó la postura que mantiene la agente en torno a este capítulo de los hechos. Culminada la tercera semana de la vista oral, no aparecen pruebas que incriminen sin remisión a la imputada y de los numerosos indicios que existían, algunos pierden peso. Con todo, aún quedan extremos por aclarar.

El grueso de la sesión de ayer se dedicó a indagar sobre las posibilidades reales de que la imputada no hubiera visto el bolso con el revólver en el interior de su coche. Triana declaró hace dos semanas que lo había dejado «metidín», debajo del asiento del copiloto. Gago manifestó que así debió de ser, porque ella no vio nada. El fiscal considera que miente, porque una de sus amigas se subió al automóvil la noche del asesinato y no lo vio.

De los testimonios que ayer se prestaron en sala sobre este pasaje del crimen, el policía al que llamó Gago para anunciarle la aparición del revólver fue el más coherente. «Puedo decir lo que yo vi, no lo que había pasado antes. Aunque el bolso hubiera estado enrollado, tampoco hubiera entrado entero bajo el asiento. A presión puede caber, pero... Yo sé cómo estaba cuando lo encontré, pero no lo que había pasado antes. También es verdad que para ver los foulards tenían que haberlo abierto».

Fue más contundente el jefe de grupo de la Udev que acudió al garaje de Raquel a certificar el hallazgo del arma. «Estaba en el medio de la alfombrilla de la parte de atrás del asiento del copiloto. Cualquiera que se subiera al coche tenía que tropezarse con él. Creo que no cabría debajo del asiento delantero. Ella nos dijo que el bolso lo había dejado en el mismo sitio en el que lo había encontrado».

Pintaban bastos a esas alturas de la mañana para los intereses de la defensa de Gago. La contundencia del testimonio desvirtuaba en ese momento la coartada de la agente y ponía en serio peligro la credibilidad de su relato.

De repente, una sorpresa, con el mismo testigo por protagonista: «El bolso solamente lo cogí yo. Los de inspectores de Burgos no lo sacaron con un boli, lo cogí yo», aseguró el jefe de grupo. Los policías burgaleses habían manifestado el lunes de la semana pasada lo contrario. «Primero lo cogieron y luego lo tiraron de cualquier manera dentro del coche», aseguró una de las amigas de Raquel en sala.

El último testimonio terminó de reventar la tesis policial. «Por las dimensiones que tenía el bolso, yo creo que sí que podía haber estado debajo del asiento del copiloto. No puedo precisar si el asiento estaba corrido para adelante o estaba atrás del todo. Lo que sí recuerdo es que los inspectores de Burgos no estuvieron en el garaje en ningún momento».

deducción de testimonio

Que la defensa de Triana solicitara que se dedujera testimonio al agente fue lo menos relevante para la causa. El policía tendrá que defenderse ahora de la acusación de haber prestado falso testimonio en sede judicial y ya es al tercero en lo que va de juicio, junto al policía jubilado y a una compañera de trabajo de Triana. El asunto es que la disparidad de relatos resta solidez a esta parte de las tesis de las acusaciones.

«Puede ser que me dijeran que el asiento lo habían echado hacia adelante, pero no recuerdo si estaba en posición normal o los habían desplazado. Es posible que el bolso enrollado cupiera bajo el asiento. Yo, desde luego sólo vi tocar el bolso al jefe de grupo», manifestó el mismo agente, al que se le recordó que su compañero también había admitido haber tocado el objeto. «Abrió el bolso, me eché para atrás, sacó el arma y lo volvió a colocar», sentenció.

Anunciada en principio como testigo fundamental de la jornada, resultó al final que la amiga de Gago que se subió al coche y no vio el bolso tuvo una importancia secundaria: «No se me ocurrió mirar debajo de los asientos del piloto o del copiloto. El asiento estaba en situación normal, no como sale en esas las fotos. Calzo un número 38 y no noté nada, podía estar y no haberlo visto. Por poder estar, el bolso podría haber estado allí», explicó.

Fermín Guerrero pidió disculpas a todos los testigos por su ausencia del jueves pasado. Y compensó a su clienta el susto del incidente con una maniobra crucial. «¿Cuánto tiempo estuvo usted en el coche?», preguntó a la amiga de Raquel. «Unos dos minutos», respondió la joven. Lo preguntó porque para las acusaciones, era tiempo suficiente como para haber notado con los pies que bajo el asiento había algo.

El letrado reprodujo en sala un vídeo grabado por él para demostrar en tiempo real cuánto se tarda en ejecutar la maniobra de acceso y aparcamiento en el garaje de Raquel. 17 segundos. «Puede ser que por la tensión de lo que estaba pasando aquel día, se me hiciera más largo», reconoció la testigo. No fue el único capote que echó a la imputada: «Me sorprende que Raquel estuviera implicada porque es una persona responsable. No tuvo comportamientos fuera de lo normal».

«Eliminé a Triana de mi grupo de whatsapp porque no quería que me recordara cosas malas», argumentó en sala. «Usted ya la dio por sentenciá y condená», replicó José Ramón García, el defensor de Triana, con un inconfundible acento charro.

Golpe de efecto

Había un segundo golpe de efecto preparado. Las acusaciones subrayaron durante la instrucción una manifestación de la amiga de Raquel de acuerdo a la cual, cuando la joven se subió al coche había luz suficiente como para distinguir si dentro del coche estaba el bolso o no. «Serían las diez menos cuarto de la noche, pero se veía perfectamente». Guerrero quiso presentar en sala un documento del Ministerio de Fomento según el cual el día del crimen anocheció a las 21,32. El magistrado presidente se lo recriminó: «No trate de introducir por la puerta de atrás una prueba pericial encubierta».

La hermana de Raquel Gago abrió el turno de testificales en el Palacio de Justicia. No reveló nada que no se conociera ya con anterioridad, pero sí hizo público un pesar. «Me siento engañada por Triana porque yo a una amiga no le metería en una cosa como esta. Nunca lo hubiese esperado. No me lo habría imaginado, no lo vi venir nunca», afirmó al borde de las lágrimas.

A esas alturas de la mañana, ya era la segunda vez que tenía que hacer esfuerzos para no llorar. «Cuando me lo contó (Raquel) se la entendía muy mal. Algo dijo de ‘que ella llegó..’ que no sabía si había abierto o no el coche pero que ‘Triana no había vuelto de la frutería’... No me hubiese imaginado nunca que nadie le hubiera metido nada en el coche y mi hermana lo mismo. Entonces le dijimos que llamara a la policía. Lo primero que dijo es ‘A papá le va a dar un infarto’».

La otra integrante de la familia Gago reveló el escaso carácter vocacional que adornaba a su hermana en el ejercicio de sus funciones como agente municipal: «Se puso a preparar las oposiciones de Policía Local y de Magisterio para tener un trabajo estable, el que fuera».

Sí aportó sin embargo una novedad respecto a relatos anteriores. «Cuando llegamos a casa me contó que había estado tomando café con ellas pero no me dijo nada de que se hubiera encontrado con Triana por la calle. Serían sobre las ocho de la tarde».

con un boli

«Lo que pasó arriba en el piso de Raquel y no lo vi. Vinieron Nacho, dos compañeros más y los policías de Burgos. Santocildes (inspector de Burgos) bajó en actitud de “‘Se acabó todo y nos vamos’. Sacó el bolso con un boli, lo mandó al suelo, tiró un foulard, volvió a meter el bolso sobre el asiento colgado de un boli, el bolso cayó de cualquier manera y se fueron. Y a mí me dijeron: ‘Guarda la bici y después iros’».

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La sesión había comenzado con la sorpresa del magistrado presidente por el regreso multitudinario de las cámaras a la puerta de la Audiencia. «¡Vaya expectación!», musitó en la puerta del Palacio de Justicia. Acabó con un reproche a medio camino entre la protesta y el buen humor. Se quejó el fiscal, Emilio Fernández, de que se conceda siempre una última pregunta fuera de turno al abogado de Montserrat y Triana cuando todas las partes han hecho ya las suyas. «Nosotros también nos oponemos», apuntó Ricardo Gavilanes (acusación popular). «Consideramos que son argucias del letrado defensor, que es muy bueno».