Diario de León

RAMÓN LEDESMA ASESOR DE SEGURIDAD VIAL

«Las normas existían pero no se cumplían»

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maNUEL C. CACHAFEIRO | LEÓN

A Ramón Ledesma lo del tráfico no le viene por el carné de conducir sino en el DNI. Su padre, que se llama igual, fue muchos años jefe provincial de Tráfico en León y él alcanzó en la DGT el cargo de subdirector de Ordenación Normativa. Vivió y estudió en León. Recuerda aún haber ido con su padre a accidentes de cuatro, cinco muertos... «a dar la cara». Desde su responsabilidad en Madrid formó parte del diseño del carné por puntos, clave en la reducción del número de muertos en las carreteras españolas en la última década. Cree que Tráfico debería tener rango de Secretaría de Estado en el próximo Gobierno. Hoy es asesor de Pons Seguridad Vial.

—¿El carné por puntos demuestra que a los españoles solo les vale la mano dura?.

—No somos una cultura diferente, tampoco con respecto al norte de Europa. Al final, lo que sirve es el sistema de fiscalización. De control de trafico a través de radares, alcoholímetros.. Estos es lo mismo en todos los países. Dejamos de correr cuando hay radares y funcionan y dejamos de beber cuando hay alcoholímetros y funcionan. Los franceses lo denominan el miedo al gendarme.

—Usted fue quien llevó a la práctica el sistema siendo ministro de Interior otro leonés, José Antonio Alonso. ¿Había otras alternativas?

—Fue José Antonio Alonso el que tomó la decisión. Existía ya en los principales países de Europa con buenos resultados de siniestralidad. Alemania, Francia... El carné por puntos es una manera de simplificar que te tienes que comportar de determinada manera. Acerca el sistema de infracciones algo más al ciudadano. El ciudadanos sabe poco si la infracción es grave, muy grave, si prescribe... Lo que entiende es que tiene un saldo de puntos y que si le pillan en un control de alcoholemia le quitan seis. En el caso español coincidió, además, con que la tasa de siniestralidad de los últimos diez años, de 1993 a 2003, era siempre la misma, más o menos, con 5.300 muertos al año, y no nos movíamos de ahí. Había una cierta desesperanza de que fuera un problema endémico. Estudiamos los sistemas de puntos y no inventamos nada. Las normas existían pero no se cumplían.

—¿No deja de ser un poco injusto quitar 4 puntos por pasar un foto rojo en una ciudad?

— Siempre hay que revisar el sistema, y probablemente este sea uno de los puntos que haya que revisar. El sistema de puntos está basado en la identificación del conductor que comete la infracción y en los sistemas automáticos como el fotorrojo no hay una detención en la mayor parte de los casos, lo que está provocando una disfunción en el sistema. Quitar puntos de una manera automática no es lo mejor.

—¿Qué destacaría usted de todo aquel proceso?

—Hubo otras iniciativas y no funcionaron. Destacaría el pacto de Estado con todos los grupos políticos.

—¿Qué más se puede hacer?

—El problema de España es que tiene ya unos niveles muy bajos de siniestralidad. Era el país número 17 de la Unión Europea con 128 muertos por millón de habitantes en 2001 y ahora es el 5, con 37 muertos, por delante de Alemania y Francia. Es complicado. Hay tres elementos básicos. El 85% de los fallecidos son en carreteras convencionales y es el tema, porque en autopistas hubo el año pasado 65 y es poco trabajable, por así decir. Y los otros son la ciudad y motos y ciclistas. Estos tres puntos son los hay que trabajar.

—¿Las bicicletas siguen sin una regulación general?

—No se ha desarrollado, pero crecerá. La gran apuesta es hacerla coexistir con los vehículos en la calzada y los carriles bici.

—¿En autopista a 130 kilómetros/hora y 30 para la ciudad?

—Ni una cosa ni la otra. Ahora el límite general es 50, pero hay calles de una dirección, donde juegan los niños... que deberían de ser 30 y se está haciendo por los alcaldes. Y en el caso de las autopistas, no es probablemente ni una solución ni un gran problema. Siempre se puede hacer algo más. El problema está en la carretera convencional, que tiene el límite a 100.

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