Obituario
La vida cumplida del médico con alma
FELIPE SANTOS TORIBIO br> MÉDICO

Felipe Santos Toribio en su consulta. DL
SUSANA VERGARA PEDRREIRA | LEÓN
Conocía bien las debilidades humanas. Y no sólo porque por su consulta hayan pasado miles de personas. Fue, más bien, porque su gran especialidad era saber escuchar. Sentaba a sus pacientes, les dejaba hablar y él mientras iba haciendo su propia radiografía. Luego, junto con la receta, extendía su medicina más potente: sus palabras llenas de sabiduría y bondad. Él curaba cuerpos y sanaba almas.
A sus pacientes les dedicó Felipe Santos Toribio (San Cristóbal de la Cuesta, Salamanca, 1932-León, 2016) tiempo y conocimientos. Llegó a León a mediados de los 60 y ya nunca se marchó. De formación humanística, no se limitó a ser doctor en medicina interna y aparato digestivo, se convirtió en médico para todo, en realidad en ‘el médico’, basta leer su esquela para comprobar el valor que le daba. Lo fue en Trobajo del Camino primero, en San Juan de Dios y luego en su mítica consulta del Complejo de Santo Domingo. Tierno con el paciente, delicado, cariñoso, su carisma trascendió las consultas. Sabio, dotado de una gran inteligencia y una psicología infinita, no tenía nunca horario. Paraba el reloj para su pacientes y para sus amigos.
Hombre culto, mantuvo una extraordinaria conexión con sus pacientes más humildes, que le dieron sentido a su profesión. Dejó huella en ellos, y ellos en él. Siempre generoso, le gustó disfrutar de la vida, de lo que le ofrecía en cada momento. Cenar con él se convertía siempre en una deliciosa tertulia, en un cóctel de anécdotas y consejos. “Ya ves con qué facilidad damos recomendaciones los médicos”, decía mientras prendía su eterno cigarrillo en aquellos tiempos en los que podía y se podía. Fumó hasta el final. Hizo de la sensatez una forma de vida. Adoró a Mari, su mujer, su otra gran pasión, con quien ha terminado su vida en casa, juntos, sin ir al hospital, a su lado, y estuvo siempre pendiente de sus hijos, tres de ellos médicos como él, y de sus nietos, alguno ya en la Facultad de Medicina.
Con Felipe Santos Toribio se va una generación de médicos únicos, queridos. Deja un inmenso legado de recuerdos. Se marcha con la vida cumplida.