Un trabajo «contra la enfermedad del olvido»
En la segunda entrega de su investigación, Pablo Romero contaba ayer cómo primero logró la reapertura del caso, en junio de 2013, y parte de la investigación que ha llevado a cabo hasta lograr que García Corporales se siente ante el juez. «Conseguí este objetivo a partir de una declaración policial incluida en el sumario de este caso y que apuntaba a Ignacio Gracia Arregi, alias Iñaki de Rentería y Gorosti, como jefe de la banda terrorista y posible autor intelectual -no material- de la masacre. Gracias al fiscal Fernando Burgos, que escuchó el caso, y al juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que reabrió el sumario, gané tiempo para seguir investigando el asesinato de mi padre».
Primero pidió los ocho tomos del sumario y solicitó su personación en el caso como acusación particular, dado que en el momento del asesinato de su padre era menor de edad -tenía 17 años- «y no pude hacerlo entonces». Y empezó a buscar a los testigos a quienes la Policía había tomado declaración tras el atentado hacía dos décadas. De aquel trabajo sacó la información de la explosión del coche de la huida, un Ford Fiesta matrícula M-0050-IX, aunque algunos testigos habían muerto y otros no querían hablar. También habla de las trabas oficiales que ha tenido. «Ésta es la historia de una investigación personal. Pero también es un relato que muestra todo aquello que mina la conciencia social de este país: el inmovilismo, la desidia, la mentira, la irresponsabilidad. Son algunos síntomas de una enfermedad que se llama olvido».