BEGOÑA MUÑIZ BERNUY oro al mérito colegial de abogados

«Que se confiara en los años 70 en una mujer exigía un plus»

Begoña Muñiz Bernuy, en la entrevista de ayer. SECUNDINO PÉREZ

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León

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MIGUEL ÁNGEL ZAMORA | LEÓN

Su padre, Manuel Muñiz Alique, fue número 1 del Colegio de Abogados de León muchos años. Sus hermanos, una nutrida estirpe de juristas, siguieron sus pasos. Y a ella mañana (19.00 horas, Aula Magna de San Isidoro) le imponen la Medalla de Oro al Mérito Colegial, por sus 40 años de actividad.

—¿Qué reflexiones le vienen a la cabeza con esta distinción?

—Pesan un poco los años, no solamente de profesión sino también los de una vida de familia con hijos y cinco nietos, pero no hay borrón alguno en mi vida profesional. Siento que he crecido y me he realizado.

—¿Fue usted una precursora de la abogacía?

—En los años 70 no era fácil. Varias veces vinieron clientes a mi despacho diciendo que querían ver al abogado. Yo les explicaba que era yo y me decían: «No, pero nosotros queremos ver al abogado, abogado». Luego cuando les llevabas el asunto se convencían.

—Algo que no ha cambiado es el boca a boca, que es el mejor referente...

—El derecho de Familia no se airea mucho, pero sigue siendo lo que funciona. A veces es un poco complicado asimilar esos problemas de parejas o de niños que hay en una ruptura familia. Necesitas limpiar la mente para quitarte de encima la tristeza que te generan esas situaciones.

—40 años después de empezar a ejercer, ¿aún le cuesta cambiar el chip cuando llega a casa?

—Tengo buen carácter pero soy sensible y a veces me hace daño lo que veo en el trabajo. Es difícil.

—¿Cómo ha cambiado la profesión en estas cuatro décadas?

—Mucho. Superar la discriminación era muy difícil al principio. Que se confiara en una mujer exigía un plus de profesionalidad. Ahora ya no existe eso.

—¿Cómo recibió la noticia de la distinción?

—Era un certificado, pensé que era una multa (ríe). Nos condecoran a Alejandro García Moratilla, Fernando de los Mozos Marqués y Emilio Oviedo Perrino. Es gratificante, es un reconocimiento a una labor en la que prima el beneficio de la sociedad. Buscas el bien de los ciudadanos.

—Que toda la familia haya seguido los pasos del padre ¿se debe a algo en concreto?

—Es una profesión muy vocacional y mi padre era feliz en su despacho, trabajando. Se ocupó mucho de nosotros pero le echábamos en falta en momentos. Y eso lo heredamos todos, no con esa fuerza, pero sí con el mismo sentido. Tengo dos hermanos abogados en Madrid y León, otro hermano procurador... Mi padre quería que yo fuera periodista pero al final se dio cuenta de que era mi vocación.

—¿Hacia dónde camina la abogacía hoy?

—Estamos en un momento muy convulso. El pacto de modernización del 2001 dio sus frutos, pero hemos pasado una crisis económica y en los juzgados hace falta más dotación y que las tecnologías se coordinen. Siempre será una profesión de prestigio.

—Un deseo sería...

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—...animar a todos mis compañeros. Si tienen vocación y empeño y son abogados, que no picapleitos, van a tener mucho éxito y seguro que su despacho funcionará.