Diario de León

más de medio siglo de sacerdocio

La iglesia del Mercado pierde a don Enrique

Aunque su estado de salud se había deteriorado en los últimos meses, la inesperada muerte del párroco Enrique García Centeno conmociona al popular barrio del casco antiguo y a las cofradías de la ciudad.

La capilla ardiente permanece instalada desde ayer y hasta el funeral en la iglesia del Mercado. MARCIANO PÉREZ

La capilla ardiente permanece instalada desde ayer y hasta el funeral en la iglesia del Mercado. MARCIANO PÉREZ

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manuel c. cachafeiro | león

Ha muerto don Enrique, el párroco del Mercado. El Don, con mayúsculas, se lo dieron los papones de León y los vecinos y feligreses de su barrio, donde ha ejercido como párroco durante 47 años y otros diez antes como coadjutor hasta convertirse en uno de los sacerdotes que más años en activo tenía en la actualidad la ciudad de León.

Su imagen afable y cercana y su inseparable cigarrillo formaban parte de la vida diaria de las calles del viejo León, donde muchos, por no decir todos los vecinos, le consideraba como parte de sus familias. A muchos les había bautizado o casado, o había sido el cura en los entierros de padres y allegados. Fue, es, uno de esos curas que dejan y dejarán huella. Pero no un cura a la antigua usanza, sino un cura pegado al día a día, con sus luces y sombras. Un cura de los que van faltando.

La noticia de su muerte, ayer a primera hora, corrió como la pólvora. Sus familiares se lo encontraron en la casa parroquial dormido para siempre. Nadie se lo esperaba, aunque andaba delicado últimamente. Todavía el domingo había dado misa en el Mercado y Santa Nonia.

Don Enrique nació en Valderas el 8 de marzo de 1935. Tras ser ordenado sacerdote en 1959, ejerció en su pueblo natal. Su relación con la iglesia de Nuestra Señora del Mercado se remonta al 1 de octubre de 1960, cuando fue nombrado coadjutor. Un barrio de casas humildes entonces, como recordaba, desde donde se veía la estación del ferrocarril. Desde junio de 1971 era ecónomo de la misma parroquia, hasta ayer mismo.

En todos estos años nunca se calló. Fue un cura amigo de sus amigos. Un cura, como le gustaba decir, las 24 horas del día, que igual jugaba la partida que consolaba a un enfermo. No era un sacerdote polémico, pero sí amigo de hablar claro, como cuando denunciaba el estado de su iglesia allá por los años 70 del siglo pasado y se preguntaba si tenían que acabar dando misa en el subterráneo de San Marcelo. «Será mejor que no siga hablando», le interpelaba el periodista. «No. Hay que decir la verdad, que se promete mucho». Gracias a su impulso, en los últimos años se habían arreglado las pinturas de la capilla y se habían hecho varias mejoras en uno de las iglesias con más sabor de la ciudad.

Seguidor del Camino Neocatecumenal —«la Iglesia en movimiento», decía él—, creía sobre todo en la labor pastoral del sacerdote. «El hombre tiene más defectos que virtudes», comentó en una entrevista concedida a este periódico en 2012.

El buen humor le acompañaba tanto como la autoridad para apaciguar cualquier conflicto semanasantero. El 21 de diciembre de 1987 fue nombrado rector de la iglesia de Santa Nonia y ejercía como director nato de las dos cofradías que tienen allí su sede canónica. El 13 noviembre de 2003 asumió el cargo de delegado episcopal para la Junta Mayor de la Semana Santa, que desempeñó hasta el 23 de septiembre de 2014. Además, sirvió en otras tareas diocesanas como confesor ordinario del Seminario Menor, miembro del Consejo Presbiteral, capellán de las Concepcionistas, examinador prosinodal y arcipreste de Nuestra Señora del Arciprestazgo de Nuestra Señora del Mercado, en varias ocasiones, según recordaba ayer en un comunicado de pésame la Junta Mayor.

El próximo Viernes de Dolores no será el mismo en la iglesia del Mercado. Será, en muchos años, la primera Semana Santa sin don Enrique. Como recordaba hace unos años el periodista Pablo Rioja, al hablar de la salida de la Virgen, «como Dios y Don Enrique mandan, la tercera Salve del recorrido se canta intramuros del templo, con los braceros liderando los acordes y los devotos atentos para responder». Este año, seguro, los braceros le dedicarán su mejor salida en la procesión más popular de León.

La misa de funeral se celebrará hoy en su iglesia del Mercado a partir de las cuatro y media de la tarde. Seguidamente, su cuerpo se trasladará hasta Valderas, su pueblo natal. Allí, antes de ser inhumado en el cementerio, se celebrará un responso por su alma en la parroquia de Santa María de Azogue.

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