SUCESOS
El crimen de Santa Ana y la muerte del peregrino siguen abiertos tras un año
La Policía Nacional y la Guardia Civil mantienen abiertas sus líneas de investigación

Inmueble de Santa Ana en el que apareció el cadáver de la víctima. SECUNDINO PÉREZ
miguel ángel zamora | león
J.B.G. estaba en su casa del barrio de Santa Ana la noche del 18 de junio de 2016. Había tenido problemas personales un año atrás que le habían llevado a tratar de suicidarse, a pesar de que no lo consiguió. De por medio, se le había relacionado con asuntos de drogas pero nunca quedaron suficientemente esclarecidos y para completar un cuadro complicado, el ex marido de su última pareja lo había amenazado muy seriamente en medio de una relación turbulenta, y había tenido que pasar un tiempo en Zamora para poner tierra de por medio.
Alguien relacionado con alguno de esos tres problemas serios que le afectaban decidió poner fin a su vida. ¿Pero quién? Un amigo del fallecido se pasó buena parte del sábado en cuestión llamándole por teléfono, pero no le cogió. Su familia tampoco conseguía dar con su paradero. Y finalmente fue su hermano quien decidió presentarse en su casa la tarde del lunes 20 de junio del año pasado.
Cuando consiguió entrar, halló una escena dantesca. A tenor de los datos que maneja la Policía Nacional, que sigue la investigación, una persona a la que tenía que conocer (la cerradura no estaba forzada) se presentó en su casa y entabló una fuerte discusión con él.
Salió a escena un arma blanca y a pesar de que la autopsia reveló que había heridas defensivas en las manos, señal de que trató de oponer resistencia, no pudo proteger su vida. Falleció pocos instantes después, víctima de dos navajazos en el cuello que le provocaron una fuerte hemorragia. Había un corte punzante en la mano también, pero esa herida únicamente delata el carácter defensivo de la actuación de la víctima, de 48 años de edad y de baja psicóloga por depresión en el momento de los hechos.
¿QUIÉN FUE?
¿Quién mató a J.B.G:? La principal tesis que barajan los investigadores apuntan a un sospechoso concreto, que está identificado y cuyos pasos sigue la Policía Judicial desde hace más de once meses, pero que de momento no puede ser detenido. A efectos judiciales, tratar de inculparlo sería un riesgo que el Cuerpo no quiere correr: no habría suficiente prueba de cargo como para llevarlo a juicio con garantías de que un fiscal pueda presentar una acusación sólida y sobre todo, se podría poner en alerta a terceras personas que también podrían estar implicadas. Así que se mantiene abierta una investigación cautelosa, que espera que en cualquier momento el sospechoso cometa un error que pueda llevar a su detención con las garantías suficientes.
El próximo día 20 de junio se cumple un año del hallazgo del cadáver. Fuentes de la investigación consultadas por este periódico llaman a la cautela. Sostienen que a veces es necesario armarse de paciencia para que el resultado final sea efectivo, pero que en medio de ese proceso de espera, no se pueden cometer errores que den al traste con el caso en un futuro. La principal tesis que se baraja es un ajuste de cuentas por asuntos relacionados con las drogas.

La Guardia Civil, durante la investigación en el CTR. JESÚS SALVADORES