urbanismo para el siglo XXI
Barreras que siguen sin derribarse
León continúa teniendo proyectos inacabados, por falta de presupuesto o por mal diseño, desde que el Ensache expandió la ciudad y las rondas se convirtieron hace dos décadas en paso alternativo al casco histórico.

Calles Fernando I y Alfonso el Justiciero, en el Espolón. RAMIRO
manuel c. cachafeiro | león
El proyecto de abrir un nuevo tramo de la ronda interior entre la plaza del Espolón y el barrio de La Palomera, para mejorar el tránsito de vehículos desde la calle de mayor densidad de tráfico de la ciudad, Álvaro López Núñez, es el último capítulo de una larga lista de intentos de transformación urbana de León. Y eso que lleva ya dos décadas esperando salir adelante para quitar de paso los coches por la Carretera de los Cubos. Por el camino, han quedado proyectos laureados como el Ensanche y otros ejemplo de lo que no hay que hacer, como la fallida Gran Avenida Reino de León, que iba a comunicar la zona de Santa Ana con Las Ventas como paso alternativo a la ciudad antigua.
Recuerda el catedrático Lorenzo López Trigal, que el primer caso, sí ejecutado, se remonta nada menos que al siglo XVIII. Fue el entorno de la Plaza Mayor y se llevó por delante parte de la vieja trama urbana de los barrios de San Martín y Mercado.
Más tarde, en los albores del XX, antes del Ensache, el testigo lo recogió la Calle Ancha, que siguió la moda de las grandes vías que se hicieron en la época en Madrid o Granada. El precio de tan ingente obra, referente del León burgués y hoy turístico, fue el derribo de la muralla en Puerta Obispo y la zona de San Marcelo. «Fue una gran operación, y muy rápida, que afectó también a las calles transversales», explica este experto.
La Gran Avenida Reino de León, de la que ahora se cumple medio siglo de su diseño, ha quedado en el callejero como el Guadiana, con dos tramos ejecutados de grandes edificios separados por casas de dos alturas, como si fuera el recuerdo de una película que también se podía llamar «Viaje a ninguna parte». La calle conserva las heridas de un proyecto abandonado. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1982 ya lo desestimó, y, por supuesto, también el de 2004, explican en el Gabinete Urbanístico del Ayuntamiento de León, que preside de la concejala de Urbanismo, Ana Franco.
«Se trataba de un proyecto en cierta medida un tanto desproporcionado, en cuanto que se insertaba sobre una ciudad construida, con un trazado lineal, revelando poca sensibilidad hacia los tejidos urbanos existentes, de forma muy específica, hacia el Conjunto Histórico», explican los técnicos municipales. Y es que hay que tener en cuenta que su trazado coincidía prácticamente con la actual Carretera de los Cubos, con lo que se hubiesen alterado irremediablemente aspectos básicos de la configuración de la ciudad antigua y los barrios históricos extramuros, que forman parte también del patrimonio urbano.
Aquella avenida se proyectó en un momento de «modernidad» mal entendida. Algo que no era nuevo. También a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron demolidas gran parte de las puertas del antiguo recinto amurallado en base a supuestos principios de modernidad y saneamiento. «Hoy en día sería absolutamente inimaginable una operación de este estilo; la cultura urbanística y la legislación sobre patrimonio histórico han evolucionado en unos planteamientos muy diferentes, mucho más respetuosos con la ciudad consolidada», añaden desde el Ayuntamiento.
En este sentido, el catedrático Lorenzo López Trigal recuerda que el proyecto de la Gran Avenida Reino de León, que así se quiso llamar para mayor boato, surgió en una de las peores épocas desde el punto de vista urbanístico, cuando se daban licencias con grandes alturas, «lo que querían los concejales y más». «Fue un gran contrasentido y acabó siendo un desastre de mala, malísima gestión, porque al mismos tiempo se estaban concendiendo licencias en el Ejido de casas bajas», añade.
Capítulo aparte de esos intentos de oxigenar la ciudad por la presión de los coches, algo que casi no había cuando se diseñó el Ensache, son las rondas. La Ronda Norte, que sigue siendo también un capítulo sin escribir más allá de los planos, y la ronda interior, prácticamente finalizada salvo en la zona del Polígono X, donde la presión vecinal ha impedido desde hace dos décadas que se ejecute desde La Granja hasta Fernández Ladreda, y el interrogante de San Andrés, desde la plazoleta de San Juan de Dios.
Previsto ya en el PGOU de 1982, la revisión de 2004 asumió su idoneidad y así se ejecutó aprovechando el boom inmobiliario. «La operación de la ronda interior hay que entenderla como un proyecto histórico muy ambicioso», explica la concejala de Urbanismo, Ana Franco, del que el tramo próximo a la plaza del Espolón constituye únicamente una pequeña parte, aunque muy compleja.
Buena idea fue, a su juicio, que el trazado de este tramo decidió en su día no afectar a la propia calle de los Cubos, ni siquiera a la primera manzana, para mantener en lo posible la actual imagen.
El derribo de las casas afectadas en las calles Alfonso el Justiciero y Fernando I viene ya de lejos. Se trata de una actuación ya prevista en el Plan General de 1982. Las expropiaciones siguen pendientes porque no hay dinero. Una razón que no admite interpretaciones.
«Más vale tarde que nunca», sostiene Lorenzo López Trigal, que pide que se actúe también en la Era del Moro, aunque advierte de los efectos sobre el tráfico ya que la calle Álvaro López Núñez es la más transitada de la ciudad. «Es el momento de hacerlo», insiste.
No todo ha sido malo ni polémico. Los técnicos municipales defienden el urbanismo de la ciudad con muchos ejemplos de las últimas décadas. Desarrollos como el Polígono X, Eras de Renueva, La Chantría, La Palomera, San Pedro, El Ejido, La Torre, Ventas Oeste... como parte de un entramado viario que va cosiendo la trama urbana. «Solamente el área de Eras de Renueva constituye una de las zonas de España con más densidad de equipamientos públicos obtenidos a partir de los desarrollos urbanísticos».
El actual Plan General de Ordenación Urbana es la hoja de ruta. «Sobre este marco, debe seguir evolucionándose al futuro», concluyen.