León tiene 3.860 personas listas para atender las catástrofes
Los simulacros y las 50.000 emergencias anuales mantienen en forma a los equipos humanos, que creen estar preparados para actuar.
Leoneses preparados para atender catástrofes
Cuerpos tumbados en el suelo, humo, fuego, personas gritando... No somos ajenos a las catástrofes. Son inesperadas. Golpean con intensidad a las personas y a las mentes. Por suerte, ante esas circunstancias existe un dispositivo de 3.860 personas en la provincia listas para intervenir, ayudar y socorrer a los afectados. En León, la posibilidad de sufrir una erupción volcánica, un tsunami, un huracán o un terremoto de alta escala es remota. Más factible es llegar a verse atrapado por la nieve o que se produzcan inundaciones, accidentes o explosiones como la del pasado mes de mayo en Tui (Galicia).
En estos tiempos turbulentos sería también raro, pero no imposible, que la población leonesa fuera golpeada por un atentado. Situaciones límite, desagradables y dantescas para las que León «está preparado», reconoce el coordinador de los psicólogos de emergencias, Vicente Martín. «No es algo que deseemos o que apetezca, pero las fuerzas de seguridad y los equipos están preparados. Si ocurriera una catástrofe sabemos cómo actuar, cómo coordinarnos. Nos estamos preparando todo el año con simulacros hasta en caso de un problema atómico». En ese trabajo de campo, el número más abultado (773) de personal para catástrofes y emergencias lo aporta el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama). De ellos, 104 corresponden a la Junta. La Unidad Militar de Emergencias, con base en Ferral, está atenta para acudir a una llamada de auxilio con 500 hombres y mujeres, al igual que 465 policías locales, 508 agentes nacionales, 1.242 guardias civiles, 67 bomberos en León y 30 en Ponferrada, 103 voluntarios de Protección Civil, 18 médicos, 18 enfermeras, 121 miembros de Cruz Roja y quince psicólogos.
Derrumbes de un edificio, como ocurrió en mayo en Chamberí (Madrid), o descarrilamientos fatídicos como el de A Grandeira (Galicia), ya se han producido en León. De hecho la provincia ostenta el título del mayor desastre ferroviario español. Ocurrió en Torre del Bierzo, el 3 de enero de 1944 con más de 500 muertos. En febrero de 1994, el desplome de un edificio de cinco plantas situado en el número 63 de Mariano Andrés aplastó a una mujer de 33 años y a su sobrina de 5. Quince familias fueron desalojadas. Sin remontarse tan lejos, en Roperuelos del Páramo, una mujer de 75 años fue herida hace dos años al caer parte de su casa.
Acudir a una emergencia entraña riesgos. «Vamos a tumba abierta, no sabemos con qué nos vamos a encontrar, porque muchas veces alguien con ansiedad arremete contra tí y te agrede», explica la enfermera Paloma Robles Gallego. «No pasa todos los días, pero más de lo que se piensa», matiza. El sindicato Satse logró que se consideraran a las enfermeras y enfermeros como autoridad sanitaria, para que esa violencia no saliera gratuita. También han iniciado una campaña de Stop agresiones, tras más de un centenar este año. Otro aspecto a limar es el desconocimiento del terreno, a veces, por parte de quien atiende la llamada de emergencia. El telefonista anuncia al afectado que en media hora llegarán los servicios de auxilio, porque la incidencia está situada a 22 kilómetros, pero es una zona con viales tan defectuosos que se tarda hora y media. «Saca tús propias conclusiones de cómo nos reciben. A mí, el marido de una mujer embarazada que atropellaron me dio un puñetazo en la cara, porque fue a la primera persona a quien vio».