URBANISMO
El Ayuntamiento encargará fuera el plan para dinamizar el casco histórico
No tomará medidas para limitar los apartamentos turísticos hasta conocer el dictamen
La Rúa es una de las calles con más cierres. MARCIANO PÉREZ
Apenas resisten dentro de las márgenes de la ciudad histórica 3.500 vecinos. El escenario presenta poco más de media docena de pequeños comercios tradicionales que decrecen año tras año a medida que sus titulares superan la edad de jubilación e, incluso, antes rendidos al erial de alrededor. La realidad del casco histórico es el resultado de la apuesta por la concentración de la hostelería, con casi 300 bares, pubs y restaurantes, y la creciente aparición del fenómeno de los apartamentos turísticos que ya colonizan las antiguas viviendas que dejaron sus moradores por el ruido y la pérdida del tejido comercial. El progresivo deterioro del entorno urbano, ocasionado por la fagocitación del uso de la hostelería en contra del resto, hace que el Ayuntamiento de León haya decidido licitar un contrato para que una empresa externa redacte el plan de choque que marque las medidas necesarias para garantizar que el espacio de la ciudad antigua no sea sólo un parque temático de los bares, como advierten ya desde hace años los vecinos, comerciantes y expertos en urbanismo.
El plan, avanzado por el alcalde, Antonio Silván, empezará por definir con exactitud la radiografía urbana del espacio incluido dentro de los límites de la antigua muralla romana y las cercas medievales. La empresa concesionaria tendrá que establecer esta radiografía, pero no podrá quedarse ahí. El Ayuntamiento de León quiere que, más allá de la recopilación de los datos, se tracen las medidas que debe de acometer la administración municipal para frenar el deterioro de la ciudad antigua leonesa.
Aunque al final todo dependerá de la voluntad política, la imagen fija para proponer actuaciones concretas que reviertan la situación y lleven a un equilibrio entre los diferentes usos. El consistorio espera apoyar en este documento la solución para los apartamentos turísticos. Su efecto es notable ya en el casco histórico, donde los vecinos alertan de que cada vez que se vacía un piso aparece una oportunidad para el negocio hotelero. Sin apenas control, las viviendas se convierten en estancias de fin de semana, sin quejas por los ruidos porque en la gran mayoría son alquilados para disfrutar de la fiesta, pero a su vez como emisores de problemas para los residentes de la zona. El fenómeno, que hace que suban de manera considerable los alquileres y expulse a los vecinos fuera del casco histórico, podría regularse desde el consistorio, como ya le han pedido diferentes colectivos, pero por el momento desde el equipo de gobierno se apunta a que será el plan el que defina cómo actuar.
Junto con esta regulación urbanística que marque de manera precisa los usos y las restricciones, el documento estratégico tiene que presentar opciones para estimular la regeneración del tejido comercial, vía incentivos fiscales, como solicitan los empresarios, o con otras alternativas que eviten que ya en muchas zonas no haya ni una sola tienda de víveres, ni los tradicionales comercios. El objetivo pasa por hacer que la ciudad antigua, donde se invirtieron en reurbanizaciones y rehabilitaciones de viviendas más de 32 millones de euros desde finales de siglo, no termine por derivar en un desierto poblacional y comercial sólo habilitado para el ocio y el turismo.