El movimiento activa las neuronas
Una pista americana para entrenar cerebros infantiles
El colegio San Claudio crea un aula específica de psicomotricidad para que los alumnos de 3 a 5 años acudan media hora todos los días.
Los alumnos de 5 años por la barra de equilibrio del circuito basado en el método Doman. MARCIANO PÉREZ
A. Calvo | León
Zapatillas fuera y todos preparados. Los niños de Infantil del colegio San Claudio cuentan con una clase específica de psicomotricidad a la que acuden todos los días de clase durante media hora. En ella reptan, se meten por túneles, hacen equilibrios gatean, ruedan por las colchonetas e incluso braquean, es decir, pasan colgados tan sólo de sus brazos por una espaldera en horizontal. Una verdadera pista americana de entrenamiento para mejorar «su coordinación, su equilibrio o su capacidad pulmonar, porque así además de llegar más oxígeno a todo el cuerpo también llega más al cerebro, con lo que mejora el rendimiento en todas las áreas», explica la profesora de Educación Física Loli González Martínez, quien añade que se han basado el método Doman.
«Es fundamental trabajar con los niños de 0 a 5 años la psicomotricidad, porque necesitan moverse todos los días», añade la maestra. El colegio apostó decididamente por este proyecto y además de la ayuda de material de la Dirección Provincial de Educación decidió invertir parte de sus propios fondos porque «el cerebro crece con el uso y el movimiento es la clave», como se incide desde la filosofía Doman.
Mateo, Lionel y Tomás explican durante su clase que hacen «gimnasia para tener fuerza en los brazos y en las piernas». «Es bueno para coger cosas pesadas», añaden mientras esperan su turno para pasar por el circuito. A Miguel le gusta «hacer el equilibrio, aunque es un poquito difícil, pero me sale muy bien».
Los pequeños de 5 años estaban ayer con su maestra Lorena Casasola, quien va organizando todo el proceso para que los alumnos no se agolpen en las diferentes pruebas que tienen que superar a lo largo del circuito y que precisa que uno de los tramos más difíciles es el del braqueo, en el que los pequeños tienen que desplazarse sólo colgados de sus brazos. Sin embargo, esto es lo que más les gusta a Julia, Ana, Ruth, Alba y Dalal, a quienes les encanta «venir todos los días porque no nos cansamos». La clase la completan Hugo, Óliver, Emma, Lucía, Marco, Asier, Leyre y Ariadnna que se organizan para pasar por el cilindro y las barras de equilibrio y finalizar por el tubo. «La motricidad fina la trabajan en clase, pero faltaba potenciar la gruesa. Aquí los niños disfrutan un montón desde que se quedan descalzos», añade González Martínez, para destacar que el propósito es que el niño «se mueva más rápido y seguro y establezca su lateralidad, es decir, que utilice preferentemente y con mayor destreza ojo, mano, pierna y oído, que es la característica final del desarrollo del cerebro».
Cuando toca el timbre para ir al recreo, ninguno de los pequeños quiere abandonar el aula de psicomotricidad y continúan refunfuñando mientras se ponen las zapatillas. «Después volvemos», le dicen al director del colegio, Enrique Pardo, antes de salir al patio.