Los autores del crimen de un leonés en Londres pasarán 33 años en la cárcel

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Una reciente sentencia de un juzgado londinense ha condenado a los asesinos del leonés Rubén Rodríguez, muerto el 5 de junio de 2007 en una vivienda del barrio londinense de Clapham junto al colombiano Carlos Ayala, y al que se le relacionó erróneamente con un grupo internacional de robo de joyas.

La sentencia recoge que los hermanos colombianos Gómez Remolina, «delincuentes de carrera profesional», asesinaron con premeditación a su compatriota Carlos Ayala por la disputa en el reparto del botín de un robo.

Sin embargo, el ciudadano español fue asesinado «por estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado siendo un espectador completamente inocente», subraya la sentencia del Juzgado inglés a la que ha tenido acceso Efe y que descarta cualquier relación del leonés con la mafia colombiana que le asesinó.

Así, se confirma que los asesinos fueron dos hermanos colombianos: Cristian Gómez Remolina, que fue detenido en Madrid a los pocos días del asesinato e inmediatamente extraditado al Reino Unido, donde cumplió prisión durante un año hasta que se suicidó en su celda. Y Gonzalo Andreas Gómez Remolina, huido tras el asesinato, que fue detenido en México un año más tarde y donde tuvo que cumplir condena de once años de prisión por delitos cometidos en aquel país.

Posteriormente, en febrero de 2018 fue extraditado al Reino Unido, donde ha sido juzgado como autor material de los hechos y condenado a 33 años de prisión. Una pena que cumplirá en su totalidad por el código penal Británico.

Se da la circunstancia de que apenas un mes después de la muerte de Rubén, varios medios de comunicación publicaron una información citando fuentes de la Policía Nacional en la que se vinculaba al leonés con el grupo colombiano dedicado al robo de joyas, según han explicado a Efe fuentes de la familia de la víctima.

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Esta una noticia les sorprendió y provocó su inmediata reacción para «limpiar el buen nombre» de Rubén, ingeniero de telecomunicaciones y que «jamás tuvo problema alguno con la justicia», reconoció Scotland Yard.