ELENA SIMÓNFEMINÓLOGA, PONENTE EN LAS JORNADAS DE FLORA TRISTÁN
«La mujer se autocensura para optar al poder»
En siete años los hombres han aumentado en seis minutos su aportación a las tareas domésticas y de cuidados familiares. La feminóloga Elena Simón apunta a la falta de corresponsabil

Elena Simón, durante su intervención en las jornadas celebradas en el Centro de Idiomas
-¿Qué es educar en el sentido de la vida? -Quiere decir que la vida tiene que ser fundamental en la escuela, que se enseñen habilidades sociales y se integren los sentimientos. Que se eduque para formar personas autónomas y no sólo para el éxito, porque los que van a triunfar son muy pocos. Hay un discurso democrático muy pervertido de que todos somos iguales. Nuestra apuesta es transformar las virtudes femeninas en valores públicos. Se dice que la empatía es un valor innato de las mujeres y esta virtud de ponerse en el lugar de los demás se puede convertir en una política de servicios; si las mujeres somos más detallistas y cuidadosas, pues que la sociedad sea cuidadosa y convierta la seguridad, no entendida únicamente como orden, en un valor cívico... -Una transformación dificíl. -Es necesario que las mujeres ocupemos lugares de poder y de decisión, que trascendamos políticamente nuestros valores supuestamente innatos. El problema es que los hombres no han entrado en la corresponsabilidad de lo cotidiano. No sé si puede considerarse un mérito que en los últimos seis años haya aumentado en siete minutos su colaboración en las tareas domésticas y cuidados familiares. En esta situación, la mujer se autocensura para optar al poder. Es curioso que la mayor parte de las maestras y profesoras se nieguen a coger puestos de responsabilidad y que incluso hayan elegido esa profesión para poder compatibilidar el trabajo con su familia. Hay una serie de modelos, inercias y creencias sexistas que sigamos siendo el segundo sexo. Estamos en primera fila en la educación, mejores notas, tramos más largos... Pero se da la circunstancia de que hay una concentración de mujeres en las carreras humanísticas y sociales y están desapareciendo los hombres de este ámbito y ésto me parece preocupante. Va a llegar un momento que no haya hombres psicólogos, maestros o trabajadores sociales. -¿El poder por el poder? -Hablamos de poder para influir en los contenidos educativos. Ahora no se estudia nada relacionado con mujeres, el lenguaje nos ignora, cuando no nos maltrata y las niñas, sobre todo adolescentes, imitan el patrón masculino que es el que mola. También hay mujeres que llegan a los puestos de decisión adaptadas a la norma patriarcal. Nosotras defendemos que hay que tomar el poder con conciencia de cambio. -¿A las madres y a los padres les importa que se incorpore esos valores? ¿No cree que les interesa más que adquiera cuantos más conocimientos mejor? -Hay padres y madres para todos los gustos. Pero creo que hay gran cantidad de madres que se sentirían contentas con que en la escuela se enseñaran habilidades sociales y otras cosas que tradicionalmente se enseñaban en la familia y que ahora no se transmiten ni en un sitio ni en otro. Hay un disfraz de modernidad en las jóvenes -en el vestido, horarios, acceso a la educación- pero no hemos alcanzado un rol nuevo. El hecho de que la proporción de permisos de maternidad que disfrutan padres sea tan baja se debe a que ésto, socialmente, está muy mal visto. El cuidado de los hijos debería ser un derecho individual y esta sería la forma de que en dos generaciones los hombres se dieran cuenta de que si tienen un hijo tienen que estar obligatoriamente dos meses con él, al igual que la mujer. Si la sociedad se tomara en serio que nazcan criaturas no irían los horarios de trabajo por un lado y la vida por otro. Hoy por hoy, tener un crío tiene que ser como antes lo de la mili, un servicio a la patria. Y no vale que nos den equis dinero por tener hijos. La educación sentimental -la culpa, el miedo- está haciendo que la sociedad esté paralizada. Pongo el ejemplo de los malos tratos: en cinco años se ha conseguido que sea un problema social y ahora tiene que ser un problema político tan grande como el terrorismo y los robos en la calle. -Pero la lucha ahora parece no tener sentido. La mujer tiene todos los derechos. -Lo más peliagudo ahora es descubrir las discriminaciones encubiertas. Nuestra generación se oponía al sistema porque era abiertamente machista, pero ahora teóricamente podemos estar en todas partes. Las chicas no están segregadas ni encuentran barreras a los 12 años, pero sí a los 25 cuando se incorporan al mercado laboral. Hay un pensamiento feminista que acuña términos que la ciencia no ha inventado. Como sororidad (del latín, sor, hermana) frente a fraternidad (frater, hermano) que excluye a las mujeres, para construir políticamente alianzas y complicidades entre mujeres. -A las feministas se les acusa de radicales y excluyentes. ¿Qué dice a ésto? -El feminismo ha buscado siempre la inclusión y no la exclusión, ahora bien para que una mujer entre en algunos sitios tiene que salir un hombre.