Diario de León

Luis Artigue EL AULLIDO

De nacionalismo

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

DE qué hablamos cuando hablamos de sexo? se preguntaba una vez Woody Allen apuntando a esa tendencia tan actual de tergiversarlo todo. Y ahora el Señor Ibarretxe, coligado en intenciones al «nacionalismo radical», propone un referéndum de autodeterminación como quien saca un conejo de la chistera, y nos lleva a preguntarnos: ¿de qué hablamos cuando hablamos de nacionalismo? Ese concepto de patria tan romántico, tan del siglo XIX -tan desfasado ya- surgió definido como un sentimiento colectivo y, tiempo después, olvidó su origen lírico para ser el soporte filosófico del nazismo alemán. ¡Toma ya! Dura forma de aprender que, cuando se trata de un colectivo, el sentimiento también se puede fabricar o inventar pues la opinión pública puede llegar a ser altamente manipulable. Hay una cita de Nietzsche que dice: «el nacionalismo es el egoísmo de los pueblos», y la historia no deja añadir casi nada a eso. Sólo aplicarlo, acaso, a un nacionalismo en particular, sea el vasco, el gallego, el catalán, lo que aún queda del español dentro del centrado partido gobernante, etc. El nacionalismo radical vasco, autoproclamado de izquierdas, nos habla en pleno siglo XXI de «la esencia de la patria», verbaliza conceptos diferenciales como «raza» y todo eso, la verdad, suena de lo más conservador. Encima toman las armas, se llaman a sí mismos ejército e imponen su criterio al modo en que lo hacía la Santa Inquisición: o te retractas y conviertes, o mueres. Sin embargo el Señor Otegui sigue diciendo con superioridad moral histriónica que pertenece a la «izquierda» aberztxale, y parece defender un sentimiento colectivo como Lord Byron. Sí, un sentimiento colectivo inventado o impuesto -¡fabricamos identidades!- que encima apoya la máxima yanqui de «tiene razón el que más mata». Y matan, entre otros, a los concejales del Partido Popular. Dicen que por fascistas. Del otro lado -que es casi el mismo ideológicamente hablando- está el nacionalismo moderado y burgués del Lehendakari, altamente insolidario, católico y sentimental como José Bergamín. Éste parece esconder la idea de «aquí hay más dinero que en otras Comunidades Autónomas y no queremos compartir, así que nos independizamos» (véase de nuevo la cita de Nietzsche). A eso ponle un poco de Sabino Arana, algo de historia inventada, cuécelo al baño maría y tendrás una pócima mágica de pensamiento único que repartir en las ikastolas. Sin embargo, así es la ceremonia de la confusión, el PNV tampoco soporta al PP porque es facha y no dialoga. Curioso. Me contaba hace poco el poeta Tomás Sánchez Santiago de un premio literario que se falló en un instituto vascongado, y del que resultó ganador un adolescente apellidado Ibarrola, a la postre nieto del comprometido escultor vasco Agustín Ibarrola. ¿Y quién es este chico? preguntó alguien en el jurado, a lo que los profesores nacionalistas, que allí son legión, respondieron: es el nieto del facha... ¡Por favor! ¿Y qué es un facha? Sin duda un facha es quien piensa que Ibarrola es un facha. Ibarrola, como Chillida, como la gente que concibió el Museo Guggenheim de Bilbao, el Festival de Jazz de Vitoria o el Festival de Cine de San Sebastián, son los imprescindibles luchadores pacíficos que piensan que el arte puede desensimismar, y hacen refinadas esculturas con materiales tan toscos como el acero, traen a internacionales estrellas de celuloide hablando en inglés o a músicos negros pertenecientes a un pueblo verdaderamente oprimido que canalizó la transgresión en una música aperturista que les ayudó a expresar su ansia de libertad: el jazz. Luchadores pacíficos, he ahí el auténtico espíritu progresista. En esta era de la globalización económica, globalicemos la mirada y podremos crecer nutriéndonos con las diferencias. Hay otras cosas además del levantamiento de piedras.

tracking