Los porteros de ocio nocturno exigen su habilitación jurídica como agentes de seguridad
Proponen crear una ‘figura inferior’ al agente de la autoridad y regular su capacidad de actuación ante incidentes

Manifestación en las calles de Pamplona tras la muerte la pasada semana de Carlos Amorín, el portero leonés de una discoteca de Villava que sufrió una agresión. EFE / JESÚS DIGES.
La reciente muerte del portero leonés Carlos Amorín en la localidad navarra de Villava por mediar en una pele a en el local de ocio nocturno en el que trabajaba ha desatado la polémica sobre los desajustes en la regulación de una figura profesional cuyas funciones se establecen en varias normas legales (algunas de ellas entran en contradicción); y cuya profesionalización legal se ha relegado en los últimos años. Su regulación depende de las comunidades autónomas, y desde Asesoría y Formación de Porteros (Asforp), el sindicato creado por el propio Amorín, se lleva tiempo demandando la formación de un colectivo que a una desprotección legal en su actuación ante incidentes suma una carga no menor de mala imagen.
Su representante en León, Valentín Cocos, ha acudido a la Junta de Castilla y León para solicitar la regulación de la habilitación de nuevos profesionales. «Nos han dicho sobre la renovación de las acreditaciones de los porteros profesionales ya existentes que se realizará sin problema, pero para quienes trabajan y están sin habilitar desde el último examen realizado no está previsto sacar ningún tipo de convocatoria». Fue en 2012.
Una situación que preocupa a los profesionales del sector, porque abre la puerta a contrataciones a personas que no sólo no conocen la legislación que les afecta, sino que «en algunas ocasiones incluso tienen antecedentes penales ».
La figura del controlador de acceso o portero de espectáculos públicos y actividades recreativas está amparada en varias normas legales, desde la Ley de Espectáculos a la Ley de Seguridad Privada, con implicaciones también en el Código Penal. Sin embargo, evoluciona a golpe de conflicto delictivo.
Desde la asociación presentan una serie de propuestas para profesionalizar a un sector estigmatizado por la imagen de los ‘matones’, pero que realiza labores de prevención de delitos y acosos y colabora con las fuerzas públicas; y reclaman que se les dote de las herramientas físicas y legales que respalden las funciones que tienen encomendadas.
Para empezar, explica Cocos, exigen que las autonomías convoquen las correspondientes pruebas «para habilitar a los porteros que están ejerciendo actualmente, pero también al nuevo personal que se ha incorporado desde 2012. Muchos de ellos no disponen de los títulos académicos necesarios, como la ESO, aunque hay un buen grupo con experiencia suficiente y acreditada profesionalidad» para los que habría que habilitar canales de acceso alternativos.

Los compañeros de Carlos Amorín celebraron ayer una misa en su memoria en la iglesia de San Marcelo de León. J. NOTARIO
En todo caso, desde esta asociación limitan la protección jurídica que exigen para los porteros. «Porque podría acreditar a personas violentas, no profesionales o recién entradas». Por lo que limitan a los miembros de su colectivo o similares («no cualquier asociación») una protección jurídica para la que proponen «una solución consensuada» con las autoridades competentes. Por ejemplo, la creación de «una figura inferior al agente de autoridad, pero superior a una persona normal».
Para ello se basan en que el Código Penal contempla como agente de autoridad a policías, docentes, sanitarios, miembros de protección civil, bomberos, militares,... en el ejercicio de sus funciones». También a los vigilantes de seguridad cuando colaboren con las fuerzas armadas, y bajo su mando.
«¿Pero quién nos protege a nosotros? Los porteros, cuando tenemos que actuar, somos personas muy vulnerables. Y dada la mala imagen que se tiene de nosotros se nos prejuzga injustamente. No sólo por parte de la opinión pública, también por parte de las administraciones».
En este sentido, el veterano profesional leonés denuncia un «aumento del índice de criminalidad, que quienes trabajamos en la noche llevamos tiempo observando y padeciendo. Hay malos de todas las clases, pero quienes más delinquen actualmente tienen un perfil muy concreto».
«Cuando las fuerzas de seguridad no están disponibles, nosotros actuamos. En el Barrio Húmedo, en Astorga, La Bañeza,... Ejercemos la autoridad ciudadana dentro de nuestros locales y en las calles, cuando es necesario».