San Andrés reclama a tres capos albaneses líderes de la banda que asaltaba chalés
La Comisaría busca a los jefes de la banda que desarticuló con 15 detenciones por robar en 143 chalés

La Comisaría de San Andrés del Rabanedo lideró la investigación de dos años para desarticular a la banda. J.F.S.
Pocas veces ocurre que una ‘pequeña’ Comisaría como la de San Andrés del Rabanedo, asentada en un municipio de tan solo 26 kilómetros cuadrados, dé un golpe a una banda internacional y super experimentada de ladrones. Pero ha ocurrido. Tras dos años de concienzuda investigación, estos agentes de Policía Nacional lograron desarticular el pasado noviembre un grupo criminal de siete albaneses, siete españoles y un rumano, entre ellos el líder de la organización en España, que saquearon nada menos que 143 chalés en España, entre ellos, catorce de la localidad de Villabalter en enero de 2022, que es de donde comenzaron a tirar del hilo.
La operación bautizada como Romina-Tirania es fruto de las pesquisas y la investigación del grupo de Policía Judicial de San Andrés, y ha sido dirigida completamente desde el juzgado de Instrucción número 5 de León. Ahora da un paso más para llegar a los capos europeos que lideraban a las cinco células que actuaban en España y que detuvieron los efectivos de esta Comisaría.
Seis vehículos y quince móviles
Para ello han solicitado tres órdenes internacionales de detención (OED) en Italia, donde saben que se esconden los jefes albano-kosavares, según confirman fuentes judiciales. El operativo se inició con los robos en Villabalter, donde un vecino vio cómo unos asaltantes se llevaban una caja fuerte y un armero.
La Policía Judicial desarrolló un trabajo de campo importante con vigilancias día y noche en la zona durante tres meses y junto con agentes de la Policía Local de San Andrés del Rabanedo lograron interceptar un vehículo en julio de 2022 en las inmediaciones de la guardería local que se convirtió en una auténtica caja de pandora.
Los ladrones, jóvenes y muy ágiles, pudieron huir saltando las vallas de siete chalés, pero dejaron un Audi gris de gran potencia con joyas procedentes de los robos, un juego de matrículas francesas que usaban para camuflar los automóviles y un teléfono móvil en italiano. Pistas que siguieron los policías y que les fueron llevando a otras poblaciones del país, a la francesa Saint Tropez y a localidades de Italia.
De hecho, según fuentes de los tribunales, encontraron un papel con un nombre que les condujo a Gijón, donde empezaron a colaborar con la Policía Nacional asturiana. También se pusieron en contacto con la Unidad Operativa Central de Madrid y con agentes del Noroeste español, ya que la banda había ‘peinado’ chalés de Getxo (País Vasco), el Sardinero (Cantabria) y Gijón, antes de bajar a León hasta las viviendas de Villabalter.
Getxo, Santander, Gijón, Saint Tropez...
La investigación resultó compleja, porque el grupo criminal recluta a albano-kosavares jóvenes en su país a los que alecciona sobre cómo dar ‘golpes’ rápidos y que se organizan en células de tres-cuatro personas. Les tientan ofreciéndoles vivienda y dinero rápido. Unos ‘hogares’ que, en este caso, estaban en Barcelona. La dificultad añadida para detectarlos desde León vino porque no robaban en chalés de su entorno, sino a gran distancia, el más cercano a 800 kilómetros.
Además poseían un taller de apoyo en Cataluña que les suministraba los vehículos, los pintaba, tuneaba y cambiaba las placas. Una cobertura que también fue desarticulada por la investigación leonesa. La banda cayó en Barcelona, a donde se desplazaron seis efectivos de San Andrés del grupo Lancia y otra treintena de agentes nacionales. Tras cuatro noches casi sin dormir practicaron cinco registros y arrestaron a los 15 integrantes, incluidos tres que se iban a marchar a robar a Bilbao.
La Comisaría de San Andrés descubrió que la infraestructura y la logística de la que se dotaba el grupo de albaneses se encontraba en la provincia de Barcelona. El taller de Cornellá de Llobregá constituía el verdadero centro de operaciones para los ejecutores de los robos y los españoles que cumplían las funciones logísticas de alojamiento y acompañamiento por carretera en otro vehículo denominado lanzadera para avisarles de si había policía o incidencias a evitar. También efectuaban las reuniones allí.
El modus operandi de los robos era acceder por la primera planta para evitar alarmas, coger joyas, dinero y objetos de valor y escapar en cinco ó diez minutos. La investigación quiere llegar ahora hasta los cabecillas europeos.