La nueva vida del especialista en escapar de la policía
¿Y qué fue del taxista fugitivo?
Retirado de la profesión tras perder la licencia y el carné, ahora deambula por León en patinete
Momento de la primera detención del taxista. DL
Se apartó de los focos si es que alguna vez estuvo en ellos. Porque la especialidad de la casa era sortear las luces y las sirenas de la Policía Local, la Policía Nacional y la Guardia Civil. La licencia de taxi más famosa de la capital ya no tiene número. El taxista fugitivo se quedó sin permiso de conducción, sin habilitación para trabajar porque el Ayuntamiento sigue el expediente para retirársela de forma definitiva y ahora se mueve en patinete, con cruces dialécticos con sus compañeros, en diferente grado, dependiendo de la afinidad.
«Es carne de cañón». Quienes lo conocen se atreven a hablar ahora de su peculiar vida, ya torcida desde que se determinó su ingreso en Proyecto Hombre «que le hizo mucho bien» pero le duró poco. Las adicciones le granjearon más de un problema antes de pasar por la organización, que le había cambiado la vida.
O eso creían. Porque fue verse con dinero y se precipitaron los acontecimientos. Empezó circulando en dirección prohibida el 30 de agosto, actitud que provocó una persecución digna del mejor thriller, que terminó con su detención en La Virgen del Camino. Dos días después (cuando ya gozaba de libertad) protagonizó un incidente en una gasolinera de Armellada, que se resolvió con una nueva fuga. La noche siguiente tuvo que ser auxiliado por la Policía Local en El Crucero, cuando llamó para solicitar protección porque había sido amenazado. Y volvió a ser detenido en una cuarta ocasión que culminó como en todas las anteriores, libertad con cargos.
MÁS SOSPECHAS
Ya había perdido la licencia un año entero tiempo atrás y en las sospechas se baraja ahora que estuviera detrás de un robo con fuerza en el que se detectaron sus huellas y de un accidente de tráfico mortal con sospechas de homicidio que nunca se aclararon. Por eso, las investigaciones abiertas se fijan en todas las posibilidades: nunca dejará de sorprender con su actitud, que tiene siempre un sello propio.
Desde que acabara el asunto, nadie más ha vuelto a tener constancia de su paradero. Ha tenido agrias disputas con algunos compañeros en ocasiones por el hecho de que le recriminaran su actitud «porque no se da cuenta de que vamos todos en el mismo saco y la gente no distingue».
A la espera de las resoluciones judiciales pendientes, la vida continúa a su modo y en su fórmula de pensamiento. Lo que sí es evidente es que ahora ya no hay riesgo al pedir un taxi. Antes había casos en los que la carrera ofrecía gratis una suerte de parque de atracciones. Y encima, gratis.