En el asesinato de la residencia ya se sabe el 'cómo', pero ahora falta probar el 'quién'
Los forenses creen demostrado que la muerte se debió a una inyección de insulina aplicada de forma premeditada
La sala presentó una nutrida presencia de público.
Habrá jornada de viernes. No estaba programada en principio, pero el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial por la muerte en 2022 de una anciana interna en la Residencia Municipal ‘Virgen del Camino’ también se extenderá a hoy, después de que los forenses protagonizaran un duro cuerpo a cuerpo, los peritos oficiales con la defensa, el propuesto por la acusada, contra el Ministerio Fiscal. Tanto fue así que en el último caso, la Magistrada Presidenta tuvo que llamarle al orden dos veces por el tono poco decoroso que empleó contra el Ministerio Público. Así que con tanta historia, no hubo tiempo para que declarase la acusada, que había pedido el lunes ser la última en comparecer. Lo hará hoy desde las 9.30 horas.
Para el jurado popular, parece que el cómo ya está claro. Los médicos públicos tienen por seguro que la víctima llegó al Hospital en coma por una hipoglucemia derivada de una cantidad de insulina ocho veces superior a la normal, que el cuerpo de la fallecida no pudo generar por sí solo. Como quiera que tenía cuatro pinchazos en el muslo izquierdo, es evidente que «alguien con conocimientos» se aplicó a la tarea.
Discutía la defensa el aserto «porque un ‘boli’ (jeringuilla) de insulina no deja marcas». Entonces Ignacio Alija, el genial forense del Instituto de Medicina Legal de León y Zamora, sacó un artefacto similar al supuestamente usado con la fallecida y se lo clavó cuatro veces en la mano delante del jurado popular. Hizo lo propio ante la mirada de la magistrada. Y se secó luego las gotas de sangre. Ya lo había visto «quien lo tenía que ver».
Pero ¿y el quién? Ese es el quid de la cuestión. La sospechosa del asesinato se juega hoy una condena de prisión permanente revisable. Nadie la vio inyectar la insulina. Estaba muy lejos del lugar de los hechos a la hora del asesinato y lo demuestra el mapa de cobertura de su teléfono móvil. Tiene imágenes comprando en un establecimiento en otro punto de la ciudad a esas horas. Y hay indicios de dudosa consistencia. «Tuvo que ser ella, no pudo ser otra persona», dijo el fiscal y el hecho de que haya presuntos incidentes previos en otras residencias y uno posterior al de este juicio (es por este otro caso por el que está en prisión) ponen etiquetas, pero no cargos firmes. Hoy quedará visto para veredicto.