Diario de León

El Pozo cierra tras atender a 445 solicitantes de asilo y encontrar empleo para 78 de ellos

El centro de ayuda humanitaria concluye su labor tras once meses de trabajo por el fin de la fase de emergencia, pero San Juan de Dios sigue abierto a atender “cualquier necesidad” de la llegada de inmigrantes

La coordinadora del Programa de Protección Internacional, Dolores Queiro, junto a uno de los jóvenes migrantes, el director gerente de San Juan de Dios,  Juan Francisco Seco y el alcalde de Villaquilambre, Jorge Pérez.

La coordinadora del Programa de Protección Internacional, Dolores Queiro, junto a uno de los jóvenes migrantes, el director gerente de San Juan de Dios,  Juan Francisco Seco y el alcalde de Villaquilambre, Jorge Pérez.Virginia Moran

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Los últimos 14 migrantes que viven en el antiguo hotel Chalé de Pozo salen en la tarde de este viernes hacia nuevos alojamientos. El centro de ayuda humanitaria gestionado por San Juan de Dios, que abrió sus puertas el pasado 21 de junio en un clima de incertidumbre entre el vecindario de Villarrodrigo de las Regueras y Villaobispo por la falta de información, da por terminada su tarea al decretar el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones el fin de la fase de emergencia de llegada de inmigrantes a las costas canarias y andaluzas. Una historia de apenas un año que deja tras de sí el entregado trabajo de alrededor de 40 expertos y voluntarios, y el inicio de una nueva vida para los 445 solicitantes de asilo subsaharianos que han pasado en este tiempo por las reabiertas instalaciones del viejo hotel.

En este tiempo 271 han resuelto positivamente sus solicitudes de protección internacional, todos han seguido cursos de formación (desde el aprendizaje del español hasta profesiones), y han contado también con apoyo personalizado en itinerarios de inclusión e integración sociolaboral para adaptarse al nuevo entorno en el que ahora viven. Muchos de ellos quieren formar su vida, laboral y personal, en la provincia. De hecho 78 ya han conseguido empleo en una treintena de empresas, aunque el programa ha realizado una prospección sobre 80 negocios que pueden beneficiarse de esta nueva mano de obra. En sectores que tanto la demandan como construcción y hostelería, aunque el abanico de formación es más amplio.

El director gerente de San Juan de Dios en León, Juan Francisco Seco, despidió oficialmente una experiencia que “a pesar de las dificultades del principio, ha conseguido resultados que sin duda han superado todas nuestras expectativas”. El Chalé de Pozo se cierra “con una sensación agridulce. Alegría porque la situación de emergencia ha terminado, y porque hemos dado la oportunidad de una nueva vida a muchas personas”. Y una realidad que “ya es estructural, el problema de la migración va a seguir en el futuro. Y nosotros, desde el Programa de Protección Internacional, que en León se lleva a cabo desde 2019, estamos abiertos a cualquier necesidad que surja en el futuro”.

También el alcalde de Villaquilambre, Jorge Pérez, ha insistido en que, frente a las dudas iniciales, los vecinos de Villaquilambre, como los de todo León, han dado un ejemplo de solidaridad. “Se han volcado con el centro, con donaciones, con ayuda, con actividades de integración”. Destacó que en todos estos meses “no ha habido ningún problema, y en todo caso no hubiera sido relevante, porque lo que se ha demostrado es que todos tenemos que estar con estas personas que llegan aquí sin nada y tienen que abrirse camino en una sociedad muy distinta a la suya”.

La coordinadora del Programa de Protección Internacional, Dolores Queiro, repasó emocionada los logros de estos once meses de trabajo. “Un año inolvidable”, relató con la mirada puesta en los trabajadores y voluntarios que han trabajado en el centro. Más de la mitad de los jóvenes, de entre 18 y 35 años, que han llegado al centro han resuelto favorablemente su petición de asilo, “y eso es un paso decisivo para avanzar en su nuevo proyecto de vida”.

En este tiempo se realizaron siete cursos de formación, sobre todo en los sectores más demandantes del mercado laboral leonés: metal, construcción y carretilleros. Y 21 cursos de formación complementaria, entre los que destaca por ejemplo la hostelería.

Además de la inserción laboral, los trabajadores y voluntarios se han volcado en que los migrantes consiguieran vivienda. “El seguimiento que hacemos evidencia que son personas muy responsables en sus trabajos, y que cumplen con todos sus pagos”.

Desde el pasado mes de junio se han realizado además 217 actividades de todo tipo, desde deportivas a culturales, y de integración. “El Chalé de Pozo no sólo se ha convertido en un lugar de acogida, sino en un verdadero hogar para quienes han llegado hasta aquí huyendo de guerras y situaciones muy difíciles, en busca de construir una nueva vida”, concluyó Queiro.

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