Diario de León

El arte es de Morante, León del Fandi

Cayetano no dejó huella en su despedida en León.

Cayetano no dejó huella en su despedida en León.virginia Morán

María Jesús Muñiz Prieto
León

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EL FESTEJO

La plaza: El aforo se cubrió en algo más de tres cuartos en el segundo y último festejo de la feria de San Juan.

Los toreros: Morante de la Puebla: estocada (oreja); pinchazo, meticaca en los bajos, estocada (oreja). David Fandila el Fandi: pinchazo, estocada (dos orejas); más de media suficiente (dos orejas). Cayetano: estocada (silencio); dos pinchazos, estocada tendida (silencio).

Los toros: Se lidiaron seis toros de Hermanos García Jiménez, el sexto como sobrero; y uno de Olga Jiménez. A segundo y quinto se les dio la vuelta al ruedo. En general pobres de cara y justos de fuerza, salvo el lote del Fandi, que sacó más brío.

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Felipe Zapico y Manuel Cachafeiro. Al intentar descabellar al tercero resultó cogido el subalterno Javier Gómez Pascual, que tras ser reconocido en la plaza y no sufrir cornada fue trasladado a un centro médico para hacerle radiografías por el pisotón que le dio el toro.

Se presentaba la tarde propicia para el triunfo y la afición leonesa no dejó que le aguaran la fiesta. Puso de su parte Morante de la Puebla, no se dejó torcer el brazo El Fandi, y enfadó la actitud de Cayetano sobre todo en su último toro. De haber tenido material Morante hubiera rematado una gran tarde, porque está inspirado y entregado, y eso se nota tanto en sus faenas como en las despaciosas vueltas al ruedo (que duran casi tanto como el trasteo), en las que quiere y se deja querer por la afición. No tuvo un buen lote, a pesar de lo cual el cantaor Duquende regaló su flamenco a las faenas, y el sevillano insistió en las tandas de muleta más de lo habitual. Había llegado a la plaza en calesa tirada por caballos, desde su hotel en La Chantría. Le aclamaron los leoneses que se encontraba ya en el recorrido, y le encumbraron los que estaban en la plaza. Que se entregaron de nuevo a la variedad capotera del Fandi y sus facultades en banderillas, veinte años después de que hiciera historia del toreo en El Parque con el primer indulto de un toro. Ayer no fue el caso, pero la presidencia concedió vueltas al ruedo a sus dos contrincantes. La afición leonesa no quiere picadores y pasa por encima la suerte suprema. Pero esta es una fiesta del público, que en El Parque es el que manda.

Morante de la Puebla mostró sus intenciones al recibir al que abrió plaza, soltanto el capote, dejando despaciosas chicuelinas de manos bajas, y una revolera que fueron muy jaleadas, como los capotazos para dejar al toro en la suerte de picar. Regaló un quite de mecidas verónicas con un toro que ya anunció que hasta allí había llegado su fuerza. Aunque parecía incapaz de seguir la muleta, lo sacó a los medios y le dio espacio y pases a media altura, sacó la muleta por arriba, porfió,... Al final enterró el estoque y el toro se tragó la muerte sacando una bravura que sus fuerzas le impidieron lucir.

Al cuarto, un toro gacho y abrochado de cuerna, de pobre cara, lo recibió de rodillas y entregado. Se arrancó el animal al caballo y empujó, con lo que luego salió trastabillado y perdiendo las manos. Inició Morante la faena sentado en el estribo, intentó aliviar la renqueante embestida, gazapona por falta de fuerza, y que deslucía las tandas al claudicar repetidamente. Imposible la ligazón por el izquierdo, apostó Morante por la pinturería y el alivio con altura y distancia. Le agradeció el público que insistiera por los dos pitones la insulsa embestida y se adornó en una última tanda antes de montar el estoque. Pinchó, intentó recuperar matando a recibir pero recetó un metisaca infame en los bajos, y dejó una tercera estocada, también recibiendo, baja. El público no se rindió y forzó la oreja que le abría la puerta grande.

La tarde parecía ganada en inicio para Morante, pero Fandi dejó claro desde que se abrió de capote en su primero que no estaba dispuesto a dejarse ganar la pelea. Y el público de León dejó claro que es de Fandi, siempre. Desde hace veinte años. Su variado repertorio de capote (largas de rodillas, verónicas, chicuelinas, por la espalda, galleando, haciendo quites,...) levantaron al respetable de sus asientos, como lo hicieron sus otentes tercios de banderillas, cuatro por cada astado, con moviolas, violines y demas que llevaron el delirio a los tendidos.

Brindó su primero al público y su segundo a Morante. A los dos, los mejores del encierro, les exprimió en la muleta con largas tandas y alardes finales. Menos desplantes al que hizo quinto, que humilló y siguió fijo e incansable la muleta. Aunque no se le había picado, aguantó un exigente tercio de banderillas y una larga faena de muleta.

Cayetano compuso la figura en su primero y lidió con oficio su embestida desigual, hasta que se aburrió de embestir y se rajó. Se desentendió de la lidia del sobrero que cerró plaza y su indolencia fue abroncada por el público, al que brindó entre pitos intentado remediar el desatino, para comenzar sentado en el estribo y enjaretar tandas con más tirones que temple. No acabó de acoplarse, pasó por El Parque en la temporada de su despedida sin dejar huella. Fue silenciado.

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