Ayuntamiento y Feve exhiben el abandono del paseo de las vías convertido en basurero
Apenas un mes y medio de la apertura del sector de la estación, el pasillo ferroviario luce lleno de basura y heces, tomado por la maleza y con múltiples desperfectos sin que las administraciones se hagan cargo del mantenimiento
Editorial | Un vergonzoso escaparate de desidia

La zona del paseo ferroviario de Feve en León debajo del puente de los Maristas embolsa basura de todo tipo.
Por debajo de ese puente, que era otro, pasaba el tren encañonado entre los edificios hasta perderse despedido por una estela de humo más allá de donde empezaban los prados. Entonces aquello quedó bautizado como trinchera para el adorno de los manuales políticos que publicitaron su reconversión en espacio urbano para disfrute público. La trinchera, con su exhortación al lenguaje bélico, animó la lucha ciudadana para reclamar la integración ferroviaria que acabara con la sucesión de traviesas y raíles que pespunteaban la línea desde la estación de Matallana hasta rebasar la parada de La Asunción, en el balcón de Vegazana. Todo eso sería un paseo ferroviario, se vendió. Por esa traza, convivirán los peatones con los trenes tranvía, se comprometió. Pero, cuando se van a cumplir 14 años del pitido de salida del último tren que abandonó la terminal, el 18 de septiembre de 2011, sin que ningún representante estatal se atreva siquiera a jurar que volverá otro, la promesa se ha convertido en un basurero gracias al abandono del Ayuntamiento de León y el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), responsable de la gestión de Feve.
La vergüenza se exhibe a lo largo de los cerca de dos kilómetros que describe el paseo ferroviario de Feve por la ciudad de León. Ni siquiera lo ha arreglado la apertura de la urbanización del sector de la estación, estrenada el 27 de mayo pasado, tres años después de que comenzaran las obras que se anunciaban para 10 meses, se terminaran en marzo de 2024 y se quedaran sin abrir 14 meses más por la chapuza del proyecto redactado por la ingeniería estatal Ineco. Aunque, lejos de servir para el adecentamiento de la zona, la retirada de las vallas que mantenían vedado el paso desde el parque de San Mamés hasta el puente de los Maristas, donde quedan como testigo del anterior las piedras donde afilaban las navajas los paisanos, ha desvelado el rastro de mugre que marca la traza.
La senda de esta cochambre se sigue sin pérdida, pero sobre todo nace debajo del puente. En este punto, donde todavía quedan tiradas en el suelo sin ningún concierto las vallas metálicas que cerraban el paso hasta hace mes y medio, se acumula todo un catálogo de basuras arremolinadas allí por el viento, la falta de civismo y la invitación a utilizar el espacio como un vertedero. Papeles, bolsas, botellas de plástico, un carrito, cristales rotos, envases de vino, restos de fruta podrida, recipientes de comida rápida, maderas desvencijadas, bloques de hormigón desmigados, los propios carteles de prohibición de la antigua obra, heces de animales sin recoger... El inventario es rico y variado en desechos, sin que ni el Ayuntamiento de León ni Feve se ruboricen por la imagen que se ofrece de la ciudad a los vecinos y los visitantes que se atrevan a transitar por este paseo urbano publicitado a bombo y platillo.
La imagen se reproduce por toda la subida que describe la línea ferroviaria para adaptarse a la curva del patio de los Maristas. Más allá del catálogo de pintadas que ensucian los muros desde la bajera del puente, la traza luce la profesión de maleza que nace aquí y allá: entre el adoquinado roto que cava agujeros peligrosos para un descuido, en las grietas abiertas entre el material, en la traza en la que se ocultan, enchaquetados entre la urbanización, los raíles oxidados sin ni siquiera estrenar de la traza como una burla.
En la parte superior de este tramo, la imagen no mejora mucho. El espacio que discurre junto al patio de luces de las viviendas de las antiguas viviendas de los militares muestra la exuberancia del verano y las papeleras a rebosar muchos días. Los hierbajos, enraizados en la franja descubierta entre el muro y los adoquines, se comen la mitad del paseo peatonal en varios tramos, a la espera de que el paso de alguna de las desbrozadoras que zumban por las zonas verdes de la estación se asomen a darles un corte.
El escenario de Feve abunda en la miseria conforme se sigue adelante por el pasillo ferroviario. Aunque la mayor afluencia del paso a pie de los viandantes pone a raya un poco más la maleza, los desperfectos se suceden a cada paso. En el parque de San Mamés, donde la desidia campa pese a la última reforma para hartazgo de los vecinos, la parada del tren se muestra destartalada, como la de Las Ventas, un poco más adelante, y la de Hospitales, ya con la estación término de La Asunción a la vista. Sin que ni un solo viajero las haya utilizado desde que se terminó a finales de 2017, a la estructura metálica no les cabe un grafiti más. Ni siquiera en el hueco del armario donde debían ir encastradas las máquinas de venta automática de billetes hay tregua; al contrario, aparecen con rastros de algún conato de incendio y escorreduras del orín de aquellos que han encontrado el escondrijo adecuado para aliviarse.
El retrato se describe para bochorno de las administraciones públicas que, durante todo el periplo de la obra han invertido en coartadas para taparse. El historial engorda atestado de incidencias desde 2011, cuando empezaron los trabajos de integración que, a poco de arrancar, con la entrada del PP en el Gobierno, se recortó. Las contingencias se sucedieron sin pausa desde entonces, con periodos de hasta más de un año con los trabajos parados, sin un solo operario en la traza, mientras desde Feve se excusaban en que sí que avanzaban pero en labores de oficina.
Al trantrán, la integración se ultimó a finales de 2017. Pero el pasillo no se abrió de manera oficial. Lo hicieron los vecinos que, en noviembre de 2018, empezaron a quitar las vallas y colarse. La situación en precario la aprovecharon el Ayuntamiento y Feve, ambos dirigidos entonces por el PP, para ponerse de perfil en sus obligaciones de mantenimiento de la zona, donde empezó a acumularse basura. El consistorio asumió de tapadillo las labores desde marzo de 2019.
Pero la relación no se puso sobre el papel hasta abril de 2021, con cambio de mando en ambas administraciones, que pasaron al PSOE. El Ayuntamiento y Adif anunciaron la firma de un convenio en el que se fijaban las responsabilidades: la administración municipal asumía el mantenimiento, adecentamiento y limpieza del paseo, mientras que el ente estatal responsable de Feve debía controlar el área de las vías.
El documento alentó que Feve, en los albores de la primavera de 2023, decidiera hacer algunos trabajos de adecentamiento. Se limpiaron los registros, se repusieron algunos adoquines y se hizo una labor de maquillaje para pasar el expediente. Poco más, con el último tramo antes de llegar a término cerrado de nuevo por las obras del sector de la estación.
Ahora, con la apertura de la urbanización de la terminal, el escaparate enseña de nuevo las miserias de la falta de entendimiento entre las administraciones públicas para condena de los ciudadanos. Ese escaparate muestra a León.

En el pasillo de la parte de arriba, la maleza campa.

Ayuntamiento y Feve exhiben el abandono del paseo de las vías convertido en basurero

Ayuntamiento y Feve exhiben el abandono del paseo de las vías convertido en basurero

Ladrillos destrozados entre la basura.

Ni siquiera han recogido las vallas de la obra.
