Diario de León


El histórico congreso de abogados de León mantiene su huella tras 55 años

La cita sentó las bases de la igualdad constitucional y marcó una inflexión por el cambio social

Intervención del entonces ministro de Justicia, Antonio María de Oriol.

Intervención del entonces ministro de Justicia, Antonio María de Oriol.DL

Miguel Ángel Zamora
León

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León sentó las bases de un giro básico para la sociedad con el Congreso de la Abogacía de 1970, que marcó un punto de inflexión en el derecho y que mantiene su huella 55 años después.

Según Luis Revenga Domínguez, abogado leonés e impulsor principal del evento, se trataba de una ciudad «escasamente politizada… donde pudiera trabajarse bajo una perspectiva estrictamente profesional y no política». Sin embargo, la realidad pronto desbordó esa intención. Más de mil abogados y abogadas se reunieron en la ciudad, muchos de ellos, nombres que después formarían parte activa del proceso constituyente: Miguel Roca, Antonio Garrigues, Gregorio Peces-Barba, Manuela Carmena, Cristina Almeida, Francisca Sauquillo, Pablo Castellanos, Óscar Alzaga, Joaquín Ruiz-Giménez.

Lo recuerda el presidente del Consejo de la Abogacía de Castilla y León, el leonés Fernando Rodríguez Santocildes. Participaron también figuras insignes como los leoneses Juan Rodríguez García-Lozano, Urbano González Santos-Díaz Caneja, José María Suárez González o Juan González— Palacios Martínez, que llegarían a ser decanos del colegio además de letrados como Ángel Emilio Martínez García o Carlos Callejo de la Puente entre otros. «La imagen simbólica de aquel congreso fue, sin duda, la salida en silencio de un grupo de congresistas durante la intervención del Ministro de Justicia en la sesión inaugural. Un gesto sereno pero rotundo que fue recogido incluso por el diario francés Le Monde como signo de autonomía y espíritu crítico frente al régimen», recuerda Santocildes.

Aquel congreso no fue simplemente un evento corporativo. «Fue una toma de conciencia colectiva», señala Santocildes. Un gesto de afirmación ética y profesional que, «en un contexto autoritario, anticipaba los valores del Estado de Derecho que consagraría la Constitución Española de 1978». Fue, también, la confirmación de que la abogacía, «cuando se reconoce como garante de los derechos fundamentales, puede convertirse en fuerza moral, en brújula social, en conciencia cívica».

UN GRITO POR LA LIBERTAD

León fue más que una agenda técnica. «Fue un grito contenido por la libertad», dice el presidente. Allí se defendieron los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se pidió el fin de los tribunales de excepción como el Tribunal de Orden Público, se reclamó una justicia imparcial y ordinaria, se alzó la voz contra la pena de muerte, y se propuso una amnistía para los delitos políticos y sociales.

Aquella cita fue, sin saberlo del todo, el primer acto colectivo de la abogacía camino del constitucionalismo. «El congreso de León sembró una conciencia que germinaría años más tarde con la promulgación de la Constitución Española de 1978, y cuya defensa ha sido y sigue siendo la razón de ser de la abogacía», según el criterio del decano de los abogados de León.

Poco tiempo después, esa misma conciencia pagaría un altísimo precio: el asesinato de los abogados de Atocha en enero de 1977 —colegas que dieron su vida por el derecho, la libertad y la justicia— marcó a toda una generación y nos recordó, con sangre y luto, que ejercer la abogacía en defensa de los derechos humanos es, en ocasiones, un acto de heroísmo.

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