León aportó 720 pacientes a la investigación que revolucionará cómo tratar infartos en el mundo

El insigne cardiólogo Fernández-Vázquez reclutó el segundo mayor número de voluntarios para el ensayo de los 109 hospitales participantes

Los hallazgos de Reboot cambiarán las guías clínicas por las que se rigen los cardiólogos europeos en su práctica diaria.j.f.s

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León se sitúa en el epicentro de una investigación mundial que revolucionará el tratamiento del infarto. Tras siete años de trabajo «silencioso» y gracias al esfuerzo del prestigioso cardiólogo leonés, Felipe Fernández-Vázquez, y su equipo, el Complejo Asistencial Universitario de León pudo contribuir al gigantesco ensayo clínico Rebbot para el que ‘reclutó’ 720 pacientes, lo que constituye el segundo mayor número de voluntarios, sólo por detrás de los aportados por el hospital de Tenerife (770).

Y no es un dato baladí, ya que en conjunto participaron 109 centros hospitalarios de España e Italia, coordinados por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), lo que permitió un seguimiento a 8.505 enfermos.

De modo que León se sitúa como punta de lanza y los resultados aportados desde la provincia de la mano de Fernández-Vázquez como investigador principal demostraron que la medicación con betabloqueantes que se prescribía desde hace 40 años tras un infarto no aporta beneficio alguno a los pacientes que sufrieron un fallo cardíaco no complicado, es decir, los que conservaron intacta la función contráctil del corazón tras la parada, como ocurre en la mayoría de casos, ya que el 70% suele sobrevivir al infarto con la función cardíaca conservada; alrededor del 20% presenta una función moderadamente reducida y un 10%, una disfunción claramente marcada.

Rebbot permitirá poner fin a un tratamiento que se implementó durante cuatro décadas y que demostró complicaciones, sobre todo, en mujeres. Superar un infarto supone asumir que el paciente estará atado de por vida a una medicación para proteger el corazón y evitar un segundo ataque. La mayoría no sale del hospital sin una pastilla para mantener la tensión arterial a raya, otra para regular el colesterol y una tercera para evitar que la sangre esté espesa y obstruya las arterias. Ese cóctel incluía hasta ahora también los betabloqueantes para disminuir la frecuencia y la fuerza del latido cardiaco, lo que reduce la presión arterial y la carga de trabajo del corazón.

Sin embargo, la investigación europea en la que ha participado León avala erradicarlos del tratamiento postinfarto. Los resultados se publicaron en las revistas The New England Journal of Medicine y The Lancet, con Fernández-Vázquez como uno de los articulistas destacados. Se trata de «un cambio de paradigma» y los hallazgos cambiarán las guías clínicas por las que se rigen los cardiólogos europeos en su práctica diaria, además de ahorrar costes sanitarios, favorecer la adherencia al tomar menos pastillas y reducir efectos secundarios.

Una investigación altruista y ajena a la industria farmacéútica

El ensayo surgió con la intención de mejorar el tratamiento del infarto con criterios científicos sólidos y sin sesgos comerciales. De hecho, se apoya en el altruismo de 500 investigadores españoles e italianos entre los que destaca el cardiólogo leonés Felipe Fernández-Vázquez y en centenares de voluntarios que permitieron ser tratados o no con betabloqueantes para analizar su efecto tras el infarto y el alta hospitalaria. «Han sido siete años de estudio con incorporaciones continuas de pacientes, con una media de seguimiento de 3,7 años. El reclutado 1 ha tenido un seguimiento de 84 meses y el último, de meses», explica.

Fernández-Vázquez valora que los resultados de Reboot, que permitirán simplificar y optimizar los tratamientos, mitigar los efectos adversos y mejorar la calidad de vida de miles de pacientes cada año, se han obtenido de manera completamente independiente de la industria farmacéutica en una investigación «huérfana, porque es gratis y altruista con un consentimiento informado de los voluntarios». El ensayo clínico internacional coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en colaboración con el Instituto Mario Negri de Milán (Italia) ha demostrado que los betabloqueantes, fármacos utilizados para tratar diversas patologías cardíacas, no aportan beneficio alguno a los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio no complicado, es decir, con función contráctil del corazón intacta.

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Tras un infarto de miocardio se proponían betabloqueantes para disminuir la mortalidad por su capacidad para reducir el consumo de oxígeno del corazón y prevenir arritmias. Sin embargo, las terapias actuales han evolucionado radicalmente y ahora se realiza la apertura de las arterias coronarias ocluidas durante el infarto, lo que minimiza las complicaciones graves como las arritmias. En este nuevo contexto, donde el daño cardíaco es menor, Rebbot ha demostrado que los betabloqueantes no siguen siendo necesarios. Aunque es común testar nuevos medicamentos, es inusual investigar si pueden retirarse fármacos tradicionales como estos.