León deja atrás su peor epidemia de tosferina con 32 casos positivos
La incidencia casi cuadriplicó la del brote de 2016 y se ha acotado con dos infectados este año. La mayoría fueron detectados en los centros de salud y seis llegaron al Hospital

Los bebés reciben dosis contra la tosferina a los 2, 4 y 11 meses y otra de recuerdo, a los 6 años.
León ha dejado atrás este 2025 la que constituye «la peor» epidemia de tosferina ocurrida en la provincia desde que existen registros sobre la infección, que se remontan a hace más de medio siglo. Los casos empezaron a crecer en la primavera de 2023, al igual que en todo el país, y los contagios no se empezaron a frenar hasta octubre del año pasado, que se cerró con 32 casos confirmados de los 33 que se estudiaron, ya que uno quedó en el limbo como «probable».
La sospecha de la mayoría de afectados saltó en Atención Primaria y seis llegaron al Hospital. En cambio, en lo que va de año, los centros de salud sólo han detectado dos infectados, según confirma la sección del servicio territorial de Sanidad de la Junta, lo que da un respiro y se valora como dolencia controlada.
«Ha sido una oleada epidémica extraordinaria, con una incidencia que casi cuadriplicó a la anterior que ocurrió en 2016», recuerdan los investigadores epidemiológicos. Ese año se saltó de los tres casos detectados en 2015 a nueve y en 2017, a trece, dentro de una burbuja de 9.000 incidencias en España. Por eso la Consejería de Sanidad optó hace ocho años por volver a suministrar la vacuna de recuerdo de la tosferina. La Junta llegó a adquirir 4.360 vacunas para hacer frente a la enfermedad, que se distribuyeron entre embarazadas y niños a los que les correspondía la revacunación de recuerdo a los seis años de edad. Y se volvió a incluir el pinchazo en el calendario vacunal de CyL, que se había modificado en 2015 por un problema de suministro de las dosis de protección.
Al igual que entonces, este año se incluye la vacunación contra la tosferina para bebés de 2, 4 y 11 meses más la de recuerdo a los seis años, a embarazadas y a determinadas personas que presentan reducidos esos antígenos. En España esta gran oleada dejó 12 muertes, 920 hospitalizados y casi 29.000 casos, en lo que constituye también el mayor brote de la enfermedad en el país. Seis de los fallecidos eran lactantes que no pudieron beneficiarse de las vacunas por ser prematuros y otros seis, personas mayores de 70 años que sufrían otras patologías.
Por otra parte, una investigación del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), que trabaja en red con el Ibioleón alerta de una «infranotificación» de casos, porque el cuadro clínico que la tosferina provoca en adultos es similar al que producen otras enfermedades respiratorias, y no es el típico de los niños y lactantes con tos recurrente, incluso con espasmos, y silbido agudo. De modo que es «probable que se hayan producido más casos que no se detectaron y aunque sean casos menos graves, sí que son transmisores de la enfermedad y pueden contagiar». La tosferina está causada por «una bacteria muy contagiosa, casi tanto como el virus del sarampión».
La infección se desarrolla en dos fases. En la primera, leve y que dura hasta dos semanas, los síntomas son congestión nasal, fiebre baja, tos ocasional... La segunda, que solo desarrolla una parte de los infectados, produce ataques de tos violentos e incontrolables, que producen dificultades respiratorias y pueden llevar a la muerte.