La céntrica plaza de la Inmaculada luce el abandono y desidia en León
- El emblemático espacio está lleno de pintadas, destrozos en los bancos, mugre y basura tirada
- Los vecinos critican la falta de mantenimiento de este área de reunión de la ciudad

Estado que presenta la zona.
En agosto de 1982 dejó de ser «un simple lugar de paso» para convertirse en «una zona de estar, donde poder pasear y descansar», rodeada por unos jardines pensados para «embellecer el conjunto», que quedaba «casi aislado de los coches», como lo describía el entonces concejal de la comisión de Saneamiento e Higiene, Salustiano López Contreras. Pero, 43 años después, la plaza de la Inmaculada, ejemplo en aquel tiempo de lo que ahora se bautiza como solución de movilidad y calmado del tráfico, luce el abandono del equipo de gobierno del Ayuntamiento de León: sin mantenimiento, ni limpieza, llena de pintadas, con los bancos de piedra repletos de mugre, las losas de mármol destrozadas y las papeleras abolladas o rotas, con la basura por fuera.
El escenario se presta para el desahogo del vandalismo, apenas contenido por el cambio en la plantación de flores que, acorde al calendario de los responsables de jardines, se extiende por las glorietas. No hay más margen para la atención dentro de un espacio referente del centro de la ciudad, rodeada de grandes edificios de viviendas, con una de las tasas de densidad de población más alta de León, a los que se suman centros administrativos, de servicios y comerciales.
En este escenario de dejadez, que se extiende a los desconchones de los islotes de reparto del tráfico hacia las calles adyacentes, la fotografía que ofrece la plaza de la Inmaculada causa las quejas de los vecinos, pero además se ofrece como tarjeta de visita para los visitantes que, casi sin querer, tienen que atravesar el enclave para llegar a su destino en caso de que se dirijan al centro.
La imagen de desidia dista de la plaza que se dibujó dentro de los planos planteados para el Ensanche, en 1907, como espacio para la confluencia de hasta nueve de las calles con las que creció el mapa de la ciudad desde el casco histórico hasta la ribera del Bernesga. Su inclusión en el callejero anota desde entonces media docena de nombres por los que se ha conocido el enclave, como citaban Javier Tomé y Armando G. Colino en su historia de las calles de León: Raposa del Rastro, Glorieta de San Froilán, plaza de la Libertad, Calvo Sotelo y, desde el Pleno del 4 de diciembre de 1998, plaza de la Inmaculada, a los que se añade la denominación popular de plaza Circular.
Su importancia se resaltó en 1956 con la colocación de la estatua, segunda en ese momento dentro del escenario urbano, donde sólo campeaba la reproducción de Guzmán el Bueno. La obra, firmada por el escultor astorgano Marino Amaya e inaugurada por el nuncio de su santidad el Papa, se justificó como homenaje al Congreso Ecuarístico que, un año antes, había puesto el foco sobre la ciudad.
Aunque, asediada por el tráfico, la plaza se enlució como lugar de recreo a partir de la reforma estrenada en agosto de 1982. El Ayuntamiento invirtió cerca de 4 millones de pesetas de entonces, 24.000 euros traducidos a la moneda en curso actual.
Con este presupuesto, se dibujaron dos círculos concéntricos: uno más pequeño, alrededor de la peana de la estatua, rematado con césped, y otro como marco de la calzada. Entre ambos, el reparto del espacio se marcó con una planta en forma de estrella de ocho puntas, dentro de la cual quedaron las áreas de estancia, con bancos en todos los bordes, fuentes y papeleras, y jardines en el resto con flores y arbolado para la sombra. Aquella plaza es ahora todo menos inmaculada.

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal

La plaza de la Inmaculada de León muestra el abandono municipal
