Diario de León


La Granja, o cómo emplear tres años en soterrar 300 metros en la circunvalación de León

Las autoridades aún o disponen de plan de desvío de tráfico por las obras en la zona

Obras previas en el entorno al soterramiento de la LE-20

Obras previas en el entorno al soterramiento de la LE-20Virginia Moran

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L. Urdiales
León

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Una de las claves para medir el martirio al que se enfrentará la ciudad de León al eliminar el cepo de la glorieta de la Granja, en la LE-20, es descubrir cuándo comienza a contar el plazo de ejecución, los 36 meses concedidos en contrato para abrir un subterráneo bajo la ronda y dejar la intersección en superficie entre la Granja y el camino del Vago en un anillo y conexiones en forma de diamante; cuándo entra la obra en la estructura a transformar, ahora sobre cuatro carriles y una intersección circular que convirtió a la capital leonesa en un caso excepcional por la circunvalación regulada con semáforos. El anacronismo tenía fecha de caducidad en 2028; pero el calendario es flexible porque las actuaciones previas se mantienen y alargan el inicio de la cuenta atrás. Ocho meses después de la adjudicación oficial de la obra, no hay una huella de piqueta en la Ronda Este. El revoloteo se centra en la adecuación del entorno; canalizaciones, red de servicios, en esa maraña de cables y entubados que hace coincidir ese perímetro con la espina dorsal de los suministros urbanos; agua, saneamiento, electricidad, fibra, tal vez autopista de comunicaciones. No hay plan de obras comunicado aún por la afección del tráfico a las autoridades locales, lo que abunda en la extensión de la fase cuaresmal a la que se enfrenta el proceso. Treinta y seis meses por delante tira tres calendarios al suelo y lleva la intervención al año 2029, en un periodo de parsimonia equivalente a la paciencia que en la última década han tenido que sufrir los más de treinta mil usuarios que cada día meten el vehículo en la boca del lobo entre semáforos de la LE-20. Hay 23 millones de euros consignados para sufragar la intervención que por la cuenta atrás que tiene por delante no puede evitar la analogía con la extensión de otra obra pública estratégica para León: la Variante de Pajares, que empleó 20 años en moldear y alicatar 25 kilómetros, se ofrece para comparar lo que tiene ante sí la movilidad de la capital leonesa mientras se le caen las hojas al calendario los próximos tres años. En otro capítulo de disculpas, la letra pequeña con la que el Gobierno aplica la fórmula de los treinta y seis meses para completar las obras justifica ese plazo temporal «para minimizar las afecciones al tráfico». Otra cuestión que las autoridades locales esperan para resolver los inconvenientes que originará la entrada de las máquinas sobre la calzada de la ronda; las afluencias al este de la capital leonesa, el recorrido de la circunvalación, la demanda de los espacios comerciales en el entorno. La actividad constructora se animó esta semana con la ocupación de una franja de terreno en propiedades limítrofes, entubado de sección XXL, señales amarillas y limitación de velocidad. Tiempo entre retenciones para que el usuario calcule la espera que corresponde a 300 metros de actuación si la Variante tardó veinte años en resolver 25 kilómetros.

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