Los vecinos de la zona se hartan de los yonkis: «Ahora es que ya te intimidan directamente»

Las puertas ofrecen un estado lamentable.VIRGINIA MORÁN

León

Creado:

Actualizado:

No hace falta esperar a la noche. La escena tiene lugar a la luz de la mañana, en plena avenida del Alcalde Miguel Castaño. A la vera de lo que fue el laboratorio pecuario, tres individuos se acercan de forma rápida y sigilosa. Uno entrega un pequeño paquete de color blanco a otro, que saca la mano en una ejecución casi sincronizada, mientras el otro recibe otro pequeño paquete, que en la distancia es difícil de apreciar. No se esconden.

Al advertir la presencia de los periodistas lanzan una mirada amenazadora, escudriñan el horizonte, por si acaso se trata de algún tipo de operación policial y se dan a la fuga con celeridad.

La confluencia de la avenida con las calles de Churruca y Fotógrafo Pepe Gracia es un hervidero. Lo saben las fuerzas policiales y lo sufren los vecinos cada día. Al advertir la presencia de la cámara de fotos, el ambiente se tensa y a media distancia todos contemplan el seguimiento pero eluden participar.

«Estamos hartos. Esto antes ya se sabía, porque de tanto estar por aquí, los conocemos y sabemos quiénes son. Pero ahora están apretando más», señala una vecina que ha sacado al perro a satisfacer su fisiología y que mira a los interlocutores con cara de resignación.

«El miedo lo tienen las mujeres mayores, aunque los demás no estamos tranquilos«, señala la residente que prefiere no facilitar mi nombre ni dirección. «Es que ahora hay uno que no estaba antes y ese sí que es peligroso. Porque los que venían te pedían dinero, les veías que tenían pintas y ya sabías de qué iba el tema. Pero este es peligroso y te intimida».

Coincidiendo con el final de la conversación con la mujer, ya entrada en años, una joven de alrededor de 40 sale en el interior de la planta baja del que fue laboratorio. Va vestida de gris con unas zapatillas de montaña y echa a correr cuando el redactor la interpela. «Somos periodistas, ¿nos puedes contar qué es lo que está pasando?». La susodicha echa a correr y se mete en la nave del lado con un portazo. Minutos más tarde, espera que no haya nadie vigilando y cuando cree que no se la ve, sale embutida en un chaquetón rojo, con unos pantalones vaqueros y un gorro, pero sin gafas. Ha cambiado la apariencia para evitar ser identificada».

La zona es un pequeño gueto de trapicheo y tráfico de drogas donde conviven varios clanes. Era pacíficamente hasta que el sábado, por culpa de las disensiones, uno de los grupos se enfadó y dictó justicia a su forma: provocó un incendio que obligó a intervenir a los bomberos, a la Policía Local y a la Policía Nacional y dejaron en un estado de todavía más abandono el inmueble. Es el mismo en el que Ecyl pretende crear una oficina de empleo en esa zona para darle algún uso a las instalaciones, ya tapiadas en algunas de las zonas para tratar de evitar que se instalen personas no deseadas. Hace apenas 15 días se procedió a tapiar una de las áreas y al día siguiente, determinar de colocar los ladrillos, una familia de una minoritaria fue sorprendida, tratando de echar abajo con piquetas los muros recién construidos.

Cargando contenidos...

Cuando los periodistas se disponen a abandonar la zona, una pareja con aspecto sospechoso, se acerca a la puerta posterior y otea del panorama con una cierta parsimonia. Como es habitual en el resto de la mañana, la cámara de fotos es el mejor repelente para evitar transacciones ilegales con sustancias prohibidas. En el lenguaje de la calle se llama trapicheo. No hay como el idioma castellano de toda la vida.

«Antes pedían dinero y no eran agresivos, pero es que ahora hay uno que mete miedo a las señoras mayores», protesta una afectada