Villahierro: el búnker de los presos más mediáticos
Uno de los inquilinos más perturbadores que ha cruzado su umbral fue José Enrique Abuín Gey, conocido como El Chicle

El Centro Penitenciario de Villahierro, ubicado en el municipio leonés de Mansilla de las Mulas, se ha consolidado en la última década como uno de los destinos más recurrentes para los presos que acaparan las portadas de la prensa nacional. Esta infraestructura de máxima seguridad no solo es conocida por su arquitectura funcional, sino por haberse convertido en el lugar de custodia de figuras que representan la cara más oscura de la crónica negra y la corrupción en España.
Uno de los inquilinos más perturbadores que ha cruzado su umbral fue José Enrique Abuín Gey, conocido como El Chicle. El asesino de Diana Quer llegó a las instalaciones leonesas en noviembre de 2018, trasladado de urgencia desde Galicia ante el temor de que los clanes del narcotráfico cumplieran sus amenazas de muerte. Durante su estancia en Mansilla, el control fue asfixiante: vivió bajo el protocolo de prevención de suicidios y custodiado permanentemente por un preso sombra. Su paso por León fue una etapa de silencio y celdas cerradas, donde el hombre que mantuvo en jaque a la Guardia Civil durante meses se convirtió en una sombra que apenas se atrevía a pisar el patio por miedo a las represalias del resto de la población reclusa.
La prisión también ha sido testigo del declive de poderosos locales, como Pedro Muñoz, el exconcejal berciano condenado por la brutal agresión a su mujer, Raquel Díaz. Muñoz habitó las galerías de Mansilla durante gran parte de su proceso judicial, conviviendo con la presión social de una provincia que seguía con indignación cada detalle de su caso. Del mismo modo, el centro ha gestionado la presencia de históricos de la delincuencia como Santiago Izquierdo Trancho, el preso más antiguo de España, cuya peligrosidad obligó a las autoridades de Villahierro a extremar las medidas tras su sonada fuga durante un permiso en 2018. Su captura y posterior regreso a la celda pusieron de relieve las dificultades de gestionar perfiles que no tienen nada que perder.
La cárcel de Mansilla de las Mulas no solo es un centro penitenciario, sino un complejo rompecabezas donde el sistema judicial español encaja a sus piezas más difíciles. A la sombra de los grandes titulares, los muros de esta prisión leonesa han custodiado a reos que representan hitos en la historia del derecho en España. Entre ellos destaca David Oubel, el parricida de Moraña, quien tras conmocionar al país con el asesinato de sus dos hijas, se convirtió en el primer preso español sentenciado a la prisión permanente revisable. Su estancia en Villahierro ha estado marcada por la necesidad de protocolos de protección extrema, reflejando el rechazo visceral que este tipo de crímenes genera incluso entre la población reclusa más curtida.
El centro también ha servido como pieza clave en la gestión de presos por terrorismo más allá de la banda ETA. En los últimos años, el traslado de figuras históricas de los GRAPO, Mónica Refojos, ha vuelto a poner el foco sobre la seguridad de Mansilla. Esta interna, vinculada a la resistencia armada antifascista desde hace décadas, ha pasado por los módulos de León tras largos periplos por cárceles de toda la península, manteniendo bajo vigilancia la persistencia de ideologías radicales dentro del sistema. Su presencia obliga a mantener una vigilancia política y social constante en una prisión que, por su ubicación estratégica, funciona como un depósito de perfiles de alta complejidad.
Finalmente, la leyenda de Villahierro se completa con nombres que ya forman parte de la historia penitenciaria, como el fallecido Miguel Montes Neiro. El que fuera el preso común más antiguo de España pasó por sus celdas durante su interminable carrera de fugas y pequeños delitos, dejando tras de sí la imagen de un sistema que a veces se enreda en su propia burocracia. Junto a él, figuras de la banda terrorista ETA como Henri Parot han ocupado sus celdas de aislamiento, convirtiendo a Mansilla en un testigo silencioso de los episodios más violentos de la España reciente. Hoy, mientras la prisión enfrenta problemas de hacinamiento, estos nombres siguen pesando en el aire de un recinto diseñado para contener lo que la sociedad prefiere olvidar.