El asfalto de papel de la carretera leonesa de Caboalles «pincha» por segunda vez en 6 meses
Los usuarios reclaman soluciones y lamentan que la ciclovía esté rota y llena de vegetación. La CL-623 se modernizó en 2024 con 5,4 M€ y tuvo que reasfaltar la ciclovía ya en el verano de 2025

La vegetación se abre camino rompiendo el carril bici.
La historia se repite en la CL-623. Si el verano pasado los conductores y ciclistas que transitan por la carretera de Caboalles, entre San Andrés del Rabanedo y Lorenzana, ya sufrieron los parones por las obras de mejora, este año el escenario recuerda un «déjà vu» presupuestario y técnico.
El ambicioso carril bici que se sumó al vial en 2024, y que apenas cuenta con unos meses de vida tras su reforma integral el pasado verano de 2025, ha vuelto a sucumbir ante la presión de la vegetación.
Las imágenes actuales no dejan lugar a dudas: una hilera de brotes verdes ha reventado el firme en mitad de la ciclovía, a un lado y al otro. Unas grietas que comprometen la seguridad de los usuarios, según denuncian decenas de ciclistas.

Hilera de roturas tomadas por la hierba.
Y llueve sobre mojado, porque se trata del segundo «pinchazo» de una infraestructura que nació con el objetivo de modernizar la salida de León hacia la montaña, pero que está demostrando una fragilidad inesperada frente a la flora local.
Tal y como ocurrió en el primer episodio de desperfectos el verano pasado, el problema se localiza en el repise del terreno y la fuerza de unas hierbas que logran atravesar las capas de aglomerado. El año pasado, la Junta, a través del director general de Carreteras, Jesús Puerta, ya calificó esta situación como una «afección» que obligaba a la empresa adjudicataria a intervenir haciendo uso de la garantía del contrato.
Sin embargo, la reaparición de estos brotes al medio año del último reasfaltado pone en entredicho la solución técnica que se aplicó.

Las roturas hacen incluso ziz-zag.
Los parches de aglomerado vertidos tras excavar hasta las zahorras no han sido suficientes para contener la maleza en un trazado que, en teoría, debía garantizar la durabilidad para los 16.000 vehículos y ciclistas que circulan a diario por la zona.
El proyecto, que supuso una inversión de 5,4 millones de euros, transformó los ocho kilómetros entre el Hospital de San Juan de Dios y Lorenzana. Lo que se diseñó como una vía moderna, flanqueada por aceras de losetas blancas y granates, se ha convertido en un punto de mantenimiento constante. Así que las máquinas se ven obligadas a volver al terreno para tratar de atajar, de nuevo, un problema que parece crónico.
Los municipios de San Andrés, Sariegos y Cuadros siguen esperando que su carril bici constituya, por fin, una vía segura y continua. Por ahora, el «reestreno» de la ciclovía tendrá que esperar a que se acierte con una nueva solución.
«Resulta inadmisible», aseguran varios aficionados a la bici de montaña, que valoran que el asfalto de la carretera de Caboalles no ha «pinchado por un accidente, ha fallado porque la base sobre la que se asienta el carril bici no ha recibido el tratamiento herbicida o la compactación necesaria para evitar que una simple hilera de hierbas lo convierta en un colador».
La reincidencia de estos desperfectos indigna también a muchos ciudadanos de San Andrés, Sariegos y Cuadros, que ya han tenido que convivir con las máquinas y armarse de paciencia con los cuatro semáforos provisionales que se pusieron en un tramo inferior a los ocho kilómetros.
Dudan de que el saneamiento del terreno se efectuara a conciencia, porque la vegetación siempre gana y la «garantía» de la empresa no les sirve de consuelo, porque ahora obliga a repetir trabajos que deberían estar más que certificados.
Este «eterno retorno» de las obras en la CL-623 amarga la modernización de una carretera muy transitada, con hasta 16.000 usuarios a diario. La realidad a pie de aglomerado muestra un carril bici impracticable en varios tramos, donde las grietas y los bultos suponen un riesgo real de caída para los ciclistas.
«Sales con la bici y no te lo esperas, porque es una infraestructura de año y medio, pero parece vieja y está rota. Esquivar tanto desperfecto es una temeridad», inciden.
Los usuarios confían en que no se vuelva a verter aglomerado sobre el mismo error. Si el diseño de la ciclovía no contempla una barrera física real contra el subsuelo, el carril bici de Caboalles está condenado a un ciclo infinito de rotura y remiendo.
«La Junta no puede limitarse a esperar que la empresa se haga cargo; debe garantizar que el proyecto por el que pagamos todos los leoneses no sea un asfalto de papel que se deshace ante la primera primavera. León no necesita un carril bici de reestreno cada verano, sino una infraestructura digna de su presupuesto», concluyen.