El vecindario de Oteruelo y Armunia anda a la caza del pirómano: «No más paciencia"

La tónica de los incendios veraniegos exaspera a la población: «¿Esto es León o es Ruanda?» Los últimos episodios crispan a los propietarios de las fincas que corrieron riesgo a principios de semana

Los efectos de los incendios se dejaron sentir bien cerca de las viviendas.VIRGINIA MORÁN

León

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Los vecinos de Oteruelo y personas vinculadas a la pedanía de Armunia han decidido poner manos a la obra por su cuenta y tratan de localizar estos días al autor de los incendios que a principios de semana afectaron de forma muy impactante a la zona que limita con Trobajo del Camino en el primer caso, y a la que año tras año también sufre los efectos de los fuegos provocados en el segundo. «Estamos hartos de reclamar a las Juntas Vecinales, a los ayuntamientos y hasta el Procurador del Común nos ha dado la razón en que estamos desasistidos, pero nadie hace nada. Estamos viviendo en León pero perfectamente podríamos vivir en Ruanda. Esto es un desastre».

Un vecino pone voz al sentir de muchos habitantes de las dos zonas, que cada año sufren invariablemente los efectos de la quema de zonas de las pedanías. «Esta vez nos ha quedado casi al lado, es descorazonador ver que el patrimonio de toda tu vida puede desaparecer en menos de una hora por culpa de un trastornado. Porque nosotros sabemos que estos no es un accidente», señala en conversación con este periódico un habitante de las zonas afectadas.

El fuego llegó a afectar a las inmediaciones de la N-120 en el caso de los episodios del pasado lunes, con la peculiaridad de que se necesitó cortar el tráfico durante parte de la tarde, para evitar el riesgo de que se produjera la afectación de uno de los principales viales de acceso a la capital. Una densa columna de humo se apoderó de la atmósfera de León, en medio de la preocupación por las posibles consecuencias que pudiera tener el suceso.

A la vista de las circunstancias y de la forma en la que se produjeron los hechos, con hasta seis focos diferentes a la misma hora, todo hace pensar en una autoría premeditada y programada, contra la que los efectivos policiales no han conseguido resultados de momento. Se trata de uno de los sucesos clásicos de cada verano, en un listado negro del que hasta ahora se ha caído el que también se repetía de forma inexorable en Eras de Renueva. Solo que en este último capítulo, desde hace un par de años se ha conseguido erradicar la materialización de la ignición, básicamente porque también se puso en marcha una campaña de control de la zona. «Queda verano todavía», aseguran quienes entienden de esta casuística.

PATOLOGÍA PSICÓTICA

A la vista de la forma en la que se han producido los siniestros, todo apunta a una patología muy concreta de corte psicológico. No existe un propósito económico, venganza, o una motivación política detrás del incendio. La persona no incendia por obtener beneficios externos, lo que la diferencia de los actos premeditados realizados por incendiarios con fines específicos.

Este patrón incluye una especie de fracaso repetido para resistir el impulso de prender fuego, lo que genera consecuencias sociales graves. Los episodios de esta semana deben a priori asociarse a problemas de conducta, según los técnicos. «Quien más, quien menos, sabe de quién estamos hablando», barruntan los vecinos.

FASCINACIÓN POR EL FUEGO

Las personas con piromanía muestran una fascinación intensa o interés anormal por el fuego, objetos relacionados, y actividades asociadas a incendios. Suelen sentir curiosidad, placer al observar incendios y experimentar un creciente interés al ver situaciones donde el fuego es un elemento principal.

El fuego representa para este tipo de personas un foco de atención emocional que utilizan como una vía para canalizar tensiones internas. Los piromaníacos pueden actuar en solitario y, a menudo, regresan al lugar del incendio para observar la destrucción causada. Es ahí donde las fuerzas policiales suelen usar en León el método del scouting para determinar quiénes pueden ser los implicados. Porque normalmente, no andaban muy lejos de los focos de Armunia y de Oteruelo durante las tareas de extinción. Pero de momento no ha habido resultados concluyentes.

De esta dinámica se excluyen los siniestros que se producen en viviendas o en instalaciones industriales, la mayor parte de las veces por meros accidentes. En cualquier caso, los efectivos del Cuerpo de Bomberos de la capital están teniendo una segunda quincena de julio y una primera semana de agosto repleta de intervenciones, que en muchos casos obligan a incorporarse a los miembros «localizados» que permanecen a la espera de posibles emergencias.

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Se da la circunstancia de que a veces algunos signos frecuentes del pirómano incluyen observar incendios, trabajar como voluntarios en estaciones de bomberos, o recopilar información sobre incendios. Este comportamiento se mantiene incluso sin intención de causar daño directo a personas o propiedades. Es todo un mundo por analizar. Y un basto campo de trabajo a nivel policial.